Mi amigo Gary, el fotógrafo, llegó al restaurante pidiendo un lomo al jugo con papitas fritas crocantes, un puntito de picante y una limonada para acompañar. Pero su conversación no fue sobre gastronomía, sino sobre la tragedia que golpea a Venezuela.
“María, según pasan las horas vamos viendo la magnitud de la tragedia que están viviendo los hermanos venezolanos por los dos terremotos de 7.2 y 7.5 grados que destruyeron cientos de edificios y han matado a gran cantidad de personas”, me dijo. Y agregó que, como ocurre en estos desastres, al principio no se tiene una idea clara de lo sucedido. Las cifras de víctimas mortales fueron creciendo: en las primeras horas no se reportaban muertos, luego se habló de decenas. “La mañana de ayer ya eran más de 500 y por la tarde las cifras rondaban los mil fallecidos. Una desgracia”, lamentó.
Familias enteras han muerto y sus cuerpos permanecen desaparecidos bajo cientos de toneladas de concreto de los edificios derrumbados. Ante esta realidad, Gary sostiene que el Perú debe estar alerta y motivarse a prepararse. “Los terremotos no se pueden evitar, pero sí las pérdidas de vidas”, afirmó, y señaló que deberíamos seguir el ejemplo de Japón. Ese país, al igual que el Perú, está en el Cinturón de fuego del Pacífico, la zona geológica más activa y peligrosa del mundo, que concentra más del 90 por ciento de los terremotos del planeta.
Las casas en Japón son antisísmicas y en su construcción se respetan estrictos protocolos. “Los ingenieros nipones y científicos de diferentes especialidades trabajan de forma permanente para crear innovadores métodos de construcción”, explicó. Japón está a la vanguardia en tecnología antisísmica y realiza simulacros de terremotos y tsunamis con participación activa de toda la población. El resultado es que salvan miles de vidas. “Sismos de magnitudes 6 o 7 que en otros países matan a cientos de personas, allá no cobran ninguna vida”, destacó.
Gary concluyó que debemos cambiar nuestra cultura de la informalidad: empezar a construir de forma segura, con ingenieros, respetando normativas, participando en simulacros de desastres y teniendo mochilas de emergencia, entre otras acciones. Tiene razón. Me voy, cuídense.
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