Con apenas 1.497 kilómetros cuadrados de superficie y una población que supera las 480.000 personas según el censo más reciente, La Guaira es el segundo estado más pequeño de Venezuela, pero también el cuarto con mayor densidad poblacional. Hasta 2019 llevaba el nombre de Vargas, y está situado en el centro norte del país, en una estrecha franja costera del mar Caribe, a unos 30 kilómetros al norte de Caracas. Precisamente por su ubicación geográfica, entre el mar y la montaña, el estado está expuesto tanto a actividad sísmica como a deslizamientos de tierra provocados por lluvias intensas. El doble terremoto del 24 de junio volvió a sumir a sus habitantes en la tragedia, como ya ocurrió en 1999 con los fatídicos deslaves que dejaron decenas de miles de muertos.
Podría decirse que La Guaira es un estado marcado por las paradojas. Aunque es considerado un motor de la economía venezolana por albergar el principal aeropuerto del país —el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, que sirve a la capital y registraba el mayor número de rutas internacionales, hoy suspendidas por los graves daños del doble terremoto—, una importante terminal portuaria y un relevante sector turístico, la mayoría de sus habitantes vive en la pobreza. Además, junto a Puerto Cabello —ubicado a unos 200 kilómetros de distancia—, La Guaira está a la cabeza de la actividad portuaria en un país que depende en gran medida de las importaciones.
Su combinación de paisajes idílicos por la cercanía entre montaña y mar atrae a visitantes, pero también lo expone a desastres naturales. De allí que el turismo sea la actividad esencial de su economía, a partir de su ubicación frente al Caribe, con grandes edificios con vista al mar, algunos de los cuales han quedado reducidos a escombros luego de los sismos. Asimismo, su temperatura promedio de 27 grados durante todo el año lo convierte en un destino visitado con regularidad, sobre todo por miles de caraqueños, que están a una media hora de autopista.
La Guaira es considerado el principal punto de entrada al país sudamericano, no solo por su aeropuerto sino también por su puerto. El doble terremoto, sin embargo, ha dejado en evidencia la fragilidad de un estado que, pese a ser pequeño, concentra una enorme relevancia económica y una alta vulnerabilidad ante la naturaleza.
El doble movimiento telúrico ocurrió en un día no laborable por la conmemoración de la Batalla de Carabobo, fecha decisiva en la independencia de España, lo que incrementó la presencia de turistas en la zona. Una de las preguntas que ha surgido es por qué La Guaira fue la más afectada si el epicentro se ubicó a unos 300 kilómetros, en el estado Yaracuy.
Geografía de riesgo
La belleza de su geografía es, a la vez, un motivo de exposición a riesgos para La Guaira, cuyo estrecho territorio se extiende entre el mar Caribe y la cordillera del Ávila, lo que lo convierte en un territorio propenso a seísmos y deslizamientos de tierra durante períodos de intensas lluvias. Según publicó en X el geocientista Ignacio Rovira, director de la revista científica Quark, esto se explica en que "La Guaira está construida sobre sedimentos aluviales blandos, muchos saturados de agua", los cuales, durante un sismo, "pueden amplificar y prolongar la vibración, como una gelatina que sigue oscilando dentro de un recipiente". "Y cuando hay arenas saturadas, aparece el peor combo: licuefacción. El suelo pierde resistencia, las fundaciones se hunden o fallan y los edificios quedan sometidos a ciclos de movimiento cada vez más destructivos. No siempre destruye más quien está más cerca del epicentro. A veces, la geología local define dónde pega más fuerte", detalló.
Precisamente, La Guaira fue escenario en diciembre de 1999 del mayor desastre natural registrado en Venezuela en los últimos 200 años, conocido como la 'tragedia de Vargas', en referencia a la anterior denominación del estado. En aquel momento, varios días de lluvias sin precedentes provocaron inundaciones y aludes que se cobraron la vida de miles de personas, forzaron el desplazamiento de miles más y dejaron enterrados bajo los escombros a edificios enteros y vehículos, motivo que, según las autoridades de entonces, imposibilitó determinar un número preciso de víctimas. Estimaciones las situaron entre 10.000 y 30.000 fallecidos. Aquella fue la primera gran prueba del incipiente gobierno del fallecido Hugo Chávez (1999-2013), quien aceptó ayuda de numerosos países, una imagen que vuelve a repetirse ante el doble terremoto, el cual también supone un desafío para el tambaleante liderazgo de la presidenta interina Delcy Rodríguez.
La Guaira, que ya fue epicentro del mayor terremoto registrado en la historia de Venezuela en 1812 —con decenas de miles de muertos y donde, según crónicas de los viajeros franceses H. Poudenx y F. Mayer, "no quedó edificación en pie, a excepción de la casa de la Aduana y las murallas"—, vuelve a enfrentar una tragedia que expone su fragilidad. Tras el doble terremoto de esta semana, la sensación de abandono se ha apoderado de la población: la escasez de maquinaria pesada para remover escombros y la lentitud en el traslado de recursos obligaron a muchos ciudadanos a escarbar entre las ruinas con sus propios picos, palas o incluso a mano, en busca de sobrevivientes. A los cortes del servicio eléctrico y agua potable, y a una escasez de alimentos que empieza a asomar, se sumaron saqueos a comercios, reportados sobre todo en la primera noche posterior a los sismos, e imágenes de personas durmiendo a la intemperie.
Al margen de las condiciones geográficas, La Guaira es uno de los estados más vulnerables de Venezuela en términos económicos y sociales. Pese a concentrar activos estratégicos del país, la mayoría de su población vive en la pobreza, según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), y muchos dependen de la pesca artesanal o de trasladarse a trabajar en Caracas, generalmente en sectores mal pagados como la construcción o el empleo doméstico. Es, además, hogar de una de las mayores poblaciones de afrodescendientes de Venezuela, uno de los grupos socioeconómicos históricamente más marginados.
Tras los deslaves de 1999, el gobierno de Chávez impulsó proyectos de vivienda social e infraestructuras que le valieron el apoyo de la población, pero muchos de esos desarrollos se han deteriorado o han quedado abandonados. La expansión poblacional ha llevado al levantamiento de edificaciones precarias en las laderas de las montañas, poco resistentes a los movimientos de tierra. Ante el reclamo de presencia de las autoridades, la presidenta Delcy Rodríguez ha respondido con el anuncio de la "militarización" de La Guaira, lo que supone la movilización de más de 100.000 miembros de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB). Además, han comenzado a llegar lentamente los equipos de rescatistas de distintas misiones internacionales.
En medio de la incertidumbre sobre si aún es posible hallar sobrevivientes —las primeras 48 a 72 horas son determinantes—, los habitantes de La Guaira se alistan para reconstruir una vez más un territorio que la tragedia vuelve a cruzar.
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