Un proyecto bajo los Alpes busca aprender a predecir temblores gracias a pequeños movimientos telúricos. Foto: Bedretto Underground Laboratory for Geosciences and Geoenergies

En la frontera entre Suiza e Italia, bajo las montañas de los Alpes, un equipo de científicos activa fallas geológicas a casi un kilómetro de profundidad para generar movimientos sísmicos de muy baja magnitud. Estos temblores experimentales, incapaces de provocar daños, forman parte del proyecto Fault Activation and Earthquake Rupture (FEAR), cuyo objetivo es descifrar qué ocurre antes de que se produzca una catástrofe y por qué algunas rupturas quedan confinadas a pequeñas áreas mientras otras se extienden por kilómetros y desatan terremotos devastadores.

La investigación se realiza en un laboratorio subterráneo instalado en túneles dentro de la cordillera. Los Alpes ofrecen un entorno natural ideal para estos estudios: concentran millones de años de actividad tectónica, con redes complejas de fallas que atraviesan la roca a profundidades de entre uno y dos kilómetros. El propio peso de las montañas ejerce una presión suficiente para fracturar el subsuelo, lo que genera pequeños sismos de forma periódica.

Los científicos instalaron una densa red de monitoreo compuesta por varios tipos de sensores. Foto: Laboratorio Subterráneo Bedretto de Geociencias y Geoenergías

Para captar estas señales, los científicos instalaron una densa red de monitoreo compuesta por varios tipos de sensores. Foto: Laboratorio Subterráneo Bedretto de Geociencias y Geoenergías

Los Alpes, que se extienden entre Suiza e Italia, son ideales para este estudio gracias a sus profundas fallas. Foto: Pixabay

Los Alpes, que se extienden entre Suiza e Italia, son ideales para este estudio gracias a sus profundas fallas. Foto: Pixabay

El proyecto FEAR ha instalado una red densa de sismómetros y acelerómetros directamente sobre una falla activa en los Alpes, a la que se accede mediante un túnel subterráneo construido para un antiguo proyecto ferroviario. Esta ubicación permite colocar instrumentos en la zona activa, algo casi imposible en la mayoría de regiones sísmicas del mundo. Hasta ahora, el equipo ha provocado 100.000 microterremotos con magnitudes cercanas a cero o incluso negativas, posibles por la escala logarítmica con que se mide la energía sísmica.

El método del experimento consiste en inyectar agua en la falla para reducir la fricción entre los bloques de roca y facilitar su deslizamiento, un mecanismo similar al de los terremotos inducidos por inyección de fluidos en zonas de extracción de petróleo y gas, como los ocurridos en Estados Unidos. "¿Qué señales nos está dando la naturaleza?… Invariablemente, se hacen evidentes después del terremoto, no antes, así que estamos tratando de comprender mejor cómo interpretarlas", dijo a Live Science Domenico Giardini, profesor de sismología y geodinámica del ETH Zúrich. Los investigadores buscan aprender a interpretar estas señales antes de que ocurra un sismo mayor.

En abril, los investigadores se propusieron generar un sismo de magnitud 1, imperceptible para las personas pero de gran utilidad para los estudios. En las próximas fases del experimento, también inyectarán agua caliente para analizar cómo influye la temperatura en la evolución de los movimientos telúricos. La meta final es identificar los parámetros físicos que determinan el tamaño de un terremoto. Si logran vincular variables como la tensión acumulada en las rocas o la interacción entre fallas cercanas con la magnitud de un sismo, podrían evaluar mejor el peligro de una falla activa antes de una ruptura mayor. “Hace unos años (en febrero de 2023) hubo un terremoto muy fuerte en la frontera entre Siria y Turquía”, recordó Giardini. “Sabemos que esa falla continuará hacia el sur y hacia el norte. Queremos intentar comprender si el próximo terremoto tendrá una magnitud de 7, 8 u 8,5”.

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