Las demandas en seguridad, salud, educación e infraestructura ya son inmensas tras cuatro administraciones marcadas por la nefasta elección de Perú Libre en 2021. Pero el virtual gobierno de Keiko Fujimori enfrentará un desafío extra: los inminentes efectos del fenómeno El Niño, que según los especialistas comenzarán a fines de este año con una fuerza que sería devastadora.
A esto se suma que, justo con la llegada de esta anomalía climática, asumirán sus cargos los nuevos gobernadores y alcaldes provinciales y distritales. En teoría, son los brazos locales del Estado para atender directamente las emergencias, pero el problema es grave: son autoridades novatas que recién están conociendo incluso dónde está el botón de luz de sus oficinas, por lo que difícilmente podrán disponer de recursos y tomar acciones inmediatas.
Por ello, desde que asuma funciones este 28 de julio, el nuevo gobierno central debe tomar el liderazgo de las acciones para mitigar los efectos del fenómeno. Para dimensionar el riesgo, entre 1982 y 1983, y luego entre 1997 y 1998, El Niño casi devastó principalmente el norte del país, parte de Lima y sectores de Ica. En esos episodios generó gravísimos daños en infraestructura, pesca, agricultura, exportaciones, comercio y, en general, a la economía del país, que retrocedió.
Pensar que los gobernadores y alcaldes salientes dejarán la mesa servida para las nuevas autoridades sería como dispararse a los pies. Desde ahora están de salida y es poco o nada lo que harán de acá a diciembre. En el Perú sabemos cómo funcionan estas cosas. Lo que encontrarán sus sucesores serán oficinas con funcionarios y empleados preocupados en su estabilidad laboral, y las arcas regionales y municipales vacías, o con complicados procesos para usar lo poco que haya. Si el gobierno de Fujimori quiere atender a los peruanos más necesitados por esta emergencia y empezar la gestión con el pie derecho, sería un grave error confiar en el trabajo de las autoridades locales. Además, las responsabilidad de las imágenes de los ciudadanos con el agua hasta la cintura, los puentes caídos, las tierras de cultivo devastadas por el agua y los casos de dengue, aparte de los muertos y heridos que vayamos a tener, se la van a atribuir a Lima de todas maneras.
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