En el más reciente episodio de su pódcast de entrevistas, estrenado el 25 de junio, Magaly Medina conversó con la reconocida pastelera Sandra Plevisani. La charla se convirtió en un testimonio de vida donde se combinaron el éxito profesional, la resiliencia personal y el relato íntimo sobre la pérdida de su hija mayor. No era la primera vez que la pastelera evocaba su memoria, pero en esta ocasión lo hizo con una historia que también conmovió a la conductora de espectáculos.

Plevisani, casada con el empresario gastronómico y exanimador de televisión Ugo Renzo Ángel Plevisani Magnífico, recordó con emoción a Camila, su primogénita fallecida en 2003. En medio del dolor por la pérdida de su hija, quien batalló contra una dura enfermedad, la pastelera encontró en la repostería un impulso emocional. Tanto ella como Medina coincidieron en que el oficio se transformó en una terapia para sobrellevar el duelo.

La hija mayor de Sandra Plevisani falleció en 2007, a los 11 años de edad.

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Sandra Plevisani recuerda la muerte de su hija mayor

La pastelera Sandra Plevisani revivió el momento en que su hija Camila, a los 7 años, comenzó a quejarse de un dolor de cabeza justo cuando ella se alistaba para viajar a Italia con Ugo y un grupo de amigos. Al llevarla al médico, el diagnóstico fue devastador: una lesión. “Casi me muero, el mundo se me vino encima”, confesó. Lo que empezó como un síntoma simple se convirtió en un calvario de tres años. Plevisani admitió que nunca había estado en contacto con tratamientos oncológicos y que enfrentó un proceso duro y desconocido. “Yo nunca había visto una quimioterapia, nunca había visto tanto, pero la vida te toca y fueron tres años. Camila falleció”, expresó con dolor.

El momento de la despedida quedó grabado en su memoria. La empresaria recordó que, al regresar del cementerio, sus otros hijos le preguntaron: “Mami, ¿y ahora qué va a pasar contigo?”. Su respuesta se convirtió en un compromiso que la sostiene hasta hoy. “Recuerdo clarito este día —si me pongo a llorar no importa— que me dijeron… Y yo les dije: ‘Nada, aquí voy a estar para ustedes’. Y acá estoy. Han pasado 25 años y acá estoy”, manifestó. La destacada repostera describió esos tres años como un aprendizaje doloroso, pero aseguró que la repostería la ha salvado y le ha dado fuerzas para seguir adelante.

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“Siempre me dicen que soy la pata de la carpa. Por eso digo que la repostería me ha salvado a mí porque en el momento que no podía dormir, que estaba muy triste, me iba al supermercado, compraba ingredientes... después terminaba dándole de comer a 30 personas todos los días”, sentenció Sandra Plevisani. En medio de la pérdida, halló en ese oficio, que había abrazado desde niña y que ya era una empresa consolidada junto a su esposo, un refugio que le permitió sostenerse. Más allá del éxito profesional, esa rama de la gastronomía se transformó en un sostén emocional y en la actividad que le devolvió la esperanza cuando parecía imposible recuperarla.

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