El conflicto entre EE.UU., Israel e Irán estalló el 28 de febrero con los primeros ataques. Donald Trump, presidente estadounidense, había asegurado que sería una guerra de corto plazo, de apenas dos semanas, pero los hechos le dieron un rotundo mentís. A la prolongación del conflicto se sumó un factor que no estaba en los cálculos de los estrategas: poco después del inicio de la guerra, Irán cerró por completo el estrecho de Ormuz, una vía clave por donde transita la quinta parte del petróleo que se comercializa en el mundo.
En menos de dos semanas, el precio del crudo Brent saltó de US$ 72.9 —nivel previo a la crisis— a más de US$ 100, cotización que se mantuvo hasta casi finales de mayo. Ni siquiera la tregua del 7 de abril logró moderar el valor del hidrocarburo: aunque los ataques bélicos amainaron, los golpes militares continuaron de forma espaciada entre ambos bandos, lo que fue suficiente para disuadir a los barcos petroleros de atravesar Ormuz. La Agencia Internacional de Energía reconoció que se trataba de la peor crisis energética en la historia.
Recién a fines de mayo, los primeros acercamientos entre los bandos —con Catar como intermediador— generaron expectativas de que la guerra terminara, lo que permitió que el petróleo bajara a menos de US$ 100. El 14 de junio, EE.UU. anunció un preacuerdo con Irán para detener la guerra y reabrir Ormuz, hecho que se corroboró el 17 de junio con la firma electrónica de un memorando de entendimiento entre los dos países.
El memorando de entendimiento de 14 puntos, que incluye desde el primer día de su firma el libre tránsito de barcos por el estrecho de Ormuz hasta el 21 de agosto, ha permitido que el flujo de crudo por esa vía clave se reconstituya. Este acuerdo, que tras 60 días de negociaciones dará paso a un pacto definitivo para poner fin al conflicto, ha sido criticado en EE.UU. por considerar que ofrece concesiones excesivas a Irán, como exenciones a las sanciones a sus exportaciones petroleras o un fondo de compensación por daños de guerra de US$ 300,000 millones.
Antes del sábado, apenas cinco buques petroleros cruzaban Ormuz al día, una cifra muy lejana a los entre 100 y 120 que lo hacían antes del conflicto. Sin embargo, desde el último domingo se observa un promedio de entre 20 y 30 barcos diarios atravesando el estrecho. Esta distensión ha acentuado la caída de los precios del petróleo: ayer el Brent tocó los US$ 72.9 el barril, igual al nivel reportado justo antes de que comenzara la guerra, y cerró la jornada en US$ 73. El WTI también retrocedió, ubicándose por debajo de los US$ 70.
Antes de esta flexibilización, el precio del crudo se mantenía en niveles elevados respecto a su promedio de los últimos dos años y a una demanda que estructuralmente tiende a debilitarse por el avance de las energías renovables. Esa brecha entre oferta y demanda sufrió una severa distorsión con la guerra, lo que disparó los precios del petróleo y los combustibles en todo el mundo, acelerando la inflación y elevando los costos de energía y transporte para las empresas.
Con la desescalada, se prevé que estos precios se mantengan en niveles similares a los actuales o fluctúen en un rango que tenga como tope los US$ 90. Esto, gradualmente, tendería a traducirse en menores costos para las compañías, incluidas las peruanas.
El efecto de la caída del petróleo en los costos de las empresas peruanas no será inmediato. Jorge Ramos, director de mercados de capitales y relación con inversionistas de Fibra Prime, explicó que existe un lag (demora) de entre cinco y seis meses para que los menores precios internacionales del crudo se trasladen a la economía “real”. “Al mercado financiero (esa menor cotización del petróleo) sí llega más rápido”, aclaró. Ramos proyectó que el precio del barril debería mantenerse entre US$ 60 y US$ 80.
Jean Pierre Fournier, vicepresidente de inversiones de AFP Integra, coincidió en que aún se deberá esperar una “recomposición” en los próximos meses para alcanzar los niveles de inventario y producción previos al conflicto en Medio Oriente. “No es tan sencillo encontrar petróleo”, mencionó. En ese sentido, estimó que el crudo podría oscilar entre US$ 75 y US$ 85 en el corto plazo. Ello, de todas formas, moderaría la inflación, pues son niveles menores a los verificados tras el inicio de la guerra, sostuvo.
“Cuando uno revisa las proyecciones de algunos bancos de inversión estadounidenses, indican que para el último trimestre (del 2026) podría ya observarse una estabilización del mercado (del petróleo) si es que no pasa nada malo”, señaló Fournier al ser consultado sobre cuándo las compañías locales sentirían el efecto de los menores precios del crudo. “Un petróleo alto en abril y en mayo lo que genera son datos de inflación altos que vamos a ver hasta probablemente junio, julio y de repente algo en agosto”, añadió el ejecutivo. Refirió que con el descenso del oro negro se reducirían las expectativas de inflación —no solo el dato observado—, aunque advirtió que el Fenómeno de El Niño podría ocasionar presiones inflacionarias.
“Todavía tiene espacio para retroceder. Recordemos también que ahora está entrando petróleo venezolano, que es una variable que no había antes y que podría ayudar de alguna manera a generar más oferta en el mercado”, agregó el especialista. En el plano local, Jorge Ramos señaló que menores precios del crudo y tasas de interés más bajas se reflejarían en la Bolsa de Lima. “Con el cambio político que vamos a ver, definitivamente va a haber un rerating en muchas valorizaciones (de acciones peruanas), pero que van a ser apoyadas aún más si es que nuevamente continuamos con una política monetaria de flexibilización”, estimó. Para Ramos, la variable más importante en la que influye el precio del petróleo es la tasa de interés de referencia en EE.UU. “A medida que (la inflación en EE.UU.) ya se controle, tal vez en el futuro podríamos ver nuevamente esa tendencia bajista que estábamos viendo de las tasas de interés”, sostuvo. Recientemente la Fed se manifestó en el sentido de “esperar a ver qué pasa”, por lo que consideró que aún falta más claridad sobre su política monetaria en el futuro, refirió.
Economista periodista. Estudió economía en Pontificia Universidad Católica del Perú. Editor de Finanzas por 10 años.
Economista con trayectoria en periodismo y medios digitales.
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