Dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 en la escala de Richter sacudieron el norte de Venezuela con apenas 39 segundos de diferencia, dejando un saldo devastador. Aunque el epicentro se localizó en el centro del país, las zonas más afectadas fueron las costas del norte y la capital, Caracas, donde residen numerosos peruanos. Uno de ellos es Sandro Cavana, quien llegó a esa nación sudamericana hace tres décadas y ahora vive en la ciudad capital.
En diálogo con América Noticias, Cavana contó cómo él y su familia atravesaron los momentos de pánico durante el doblete sísmico. El compatriota describió el escenario de emergencia que se vive en Caracas: edificios agrietados, calles dañadas y el temor constante de los vecinos ante posibles réplicas. También detalló los efectos inmediatos de los sismos, como el derrumbe de varias construcciones, el corte total del servicio eléctrico y el cierre de comedores populares que brindaban apoyo alimentario a la población.
El testimonio de Cavana refleja la magnitud de la tragedia que azotó al país, donde el doble movimiento telúrico generó caos y destrucción en cuestión de segundos. La capital, Caracas, quedó sin luz ni comunicación, mientras los residentes intentan sobrellevar la crisis en medio de la incertidumbre.
Daños en edificios y calles de Caracas tras el sismo: grietas, desprendimientos y temor por réplicas
“La mayor parte de los edificios se dañó. La cerámica se desprendió con el movimiento, el tarrajeo se vino abajo y la policía vigiló varias construcciones. Las ventanas todas rotas. Los edificios se han agrietado en la parte de arriba. Los negocios están cerrados”, relató el peruano sobre el impacto estructural del sismo en Caracas. Las zonas afectadas presentaron señales visibles como grietas, desprendimientos de cerámica y daños en revestimientos, lo que obligó a restringir el acceso y mantener vigilancia en algunas edificaciones.
El residente comparó el entorno urbano de la capital venezolana con sectores de Lima, destacando la presencia de construcciones de gran altura. Mientras tanto, la preocupación persiste entre los habitantes, muchos de los cuales permanecen fuera de sus viviendas ante el riesgo de réplicas y el temor a nuevos desprendimientos. Uno de los puntos más golpeados fue un comedor popular para adultos mayores, que dejó de operar tras el sismo. Según sus declaraciones, el recinto desamparó a decenas de personas que dependían diariamente de este servicio económico.
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