Este viernes 26, desde las 3:15 de la tarde, el Coloso de Ocopilla volverá a ser escenario de una nueva edición del clásico del centro entre Sport Huancayo y ADT de Tarma. La rivalidad entre ambas instituciones trasciende generaciones y no entiende de posiciones ni estadísticas: es orgullo, historia y un duelo que se juega a corazón abierto. En esta ocasión, wankas y tarmeños —dos ciudades hermanadas por haber llegado al fútbol profesional por la puerta grande— se medirán en la Copa Caliente de la Liga, donde comparten el liderato del Grupo E con cuatro unidades cada uno.

El Rojo Matador llega motivado tras vencer por 2-1 a Unión Minas, mientras que el Vendaval Celeste hizo lo propio al imponerse por 3-1 a Alianza Universidad de Huánuco. Ambos equipos llegan con la pólvora encendida y con la misión de dar un golpe de autoridad en la serie. En los banquillos, habrá choque de estrategas extranjeros: Richard Pellejero, técnico de Sport Huancayo, busca cambiar el rumbo de una campaña complicada tras ubicarse en el penúltimo lugar del Torneo Apertura y apunta a la recuperación en el Clausura. Al frente estará Diego Ripacolli, conductor de ADT, cuyo equipo marcha en la décima casilla y aspira a consolidarse entre los ocho mejores del campeonato.

Fuera de la cancha también hay un duelo de peso. Dos dirigentes con fuerte presencia en el fútbol peruano lideran sus instituciones: Raúl Rojas en Sport Huancayo y Claudio Limaylla en ADT, presidentes que han apostado por proyectos sólidos y que mantienen intacta la ilusión de volver a colocar a sus equipos en torneos internacionales. Además, uno de los ingredientes especiales de este clásico será la presencia de talento serrano en ambos planteles. El huancaíno Edu Villar defenderá los colores del cuadro local, mientras que Jhojan Garcilazo será una de las cartas de ADT para intentar silenciar Ocopilla.

La mesa está servida. El balón está listo para rodar. Y cuando se enfrentan Sport Huancayo y ADT, los pronósticos quedan en el vestuario. Porque en el clásico del centro, la gloria se juega a corazón abierto y cada pelota se disputa como si fuera la última.

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