El 24 de junio de 2026, dos terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5 sacudieron Venezuela, sumiendo al país en una emergencia nacional. Los sismos provocaron severos derrumbes, colapsos estructurales y la pérdida total de servicios básicos en Caracas, La Guaira y Carabobo. La tragedia, que aún se evalúa, ha dejado decenas de víctimas reportadas por los medios, mientras la nación afronta las secuelas del desastre.
Detrás de las cifras oficiales, la angustia de miles de familias separadas se intensifica por la interrupción de rutas terrestres y el fallo de las telecomunicaciones. Un testimonio que condensa esta desesperación es el de Mariangi Leal, una ciudadana venezolana radicada en Colombia, cuyo hijo Daniel, de 15 años, se encontraba en La Guaira bajo el cuidado de su abuela paterna cuando la tierra tembló. Aunque el colapso de las líneas telefónicas dificultó el contacto inicial, madre e hijo lograron sostener un diálogo intermitente que se prolongó por casi 60 minutos, antes de que el aislamiento fuera absoluto.
La última frase que el joven le transmitió antes de que se cortara la señal inalámbrica hoy resuena con fuerza: “Antes de morirme tengo que volver a verte”. Ese desgarrador mensaje se ha convertido en el símbolo vivo de la incertidumbre colectiva que viven otras familias en la misma situación. La madre solo pide volver a recibir un mensaje de su hijo, mientras el pánico se extiende ante los continuos fallos de telecomunicaciones tras los sismos.
Últimas conversaciones entre Mariangi Leal y su hijo Daniel, de 15 años. Foto: Antena3
La oscuridad trajo consigo el fin de las alertas en la pantalla; el último intercambio ocurrió a las 9:57 de la noche, hora local, justo cuando la red móvil colapsó definitivamente en la región afectada. “Lo único que recibí fue que estaba bien, que solo había sido el susto, pero ya no le llegaban más los mensajes”, evocó Mariangi. Desde ese instante, el silencio sepultó las palabras y dio paso a una dolorosa incertidumbre que aún estremece su hogar. “Es imposible aguantar este sufrimiento. Cada minuto es una eternidad”, expresó.
En medio del caos, el adolescente Danie —quien estaba bajo el cuidado de su abuela paterna en Venezuela— transmitió su vulnerabilidad y desesperación ante la catástrofe natural. “Estoy súper asustado, mamá. Estoy súper asustado. Papá no aparece”, manifestó el menor en el desgarrador testimonio difundido por 20Minutos. Simultáneamente, la mujer intentó localizar al progenitor del joven, quien cumplía su jornada laboral en el aeropuerto y llegó a reportar severas fallas en la conectividad debido a la destrucción de la infraestructura local.
Leal tampoco ha logrado comunicarse con otros familiares. Las carreteras están afectadas y muchas líneas telefónicas dejaron de funcionar tras los fuertes movimientos telúricos.
“El coche se movía como si fuera papel”: familias afectadas tras los sismos
El pánico se apoderó de la región central del país cuando la tierra tembló con una violencia inusitada. Benito Lavandeira, un ciudadano afectado por la catástrofe, revivió el terror del colapso en una entrevista televisiva al detallar que “el coche se movía 20 o 30 centímetros, como si fuera papel”. Aquella sacudida implacable transformó la rutina de miles de personas en una pesadilla de miedo e incertidumbre generalizada.
En España, los consulados se convirtieron en el refugio de la angustia para los venezolanos que, a miles de kilómetros del epicentro, enfrentan la avería total de las redes de telecomunicaciones. Una mujer citada por 20Minutos reflejó el drama: “No me he podido comunicar con mi familia. Llevo llamando desde las 2:00 horas y no sé nada de ellos”. La desesperación cruzó fronteras y encendió alarmas en centros de reunión donde la multitud busca respuestas mediante listas de desaparecidos y registros improvisados. Corresponsales de El País capturaron el vivo retrato de la desolación en una cobertura que mantiene en vilo al mundo. “Estamos mortificados”, confesó otra víctima civil a la prensa local, mientras las autoridades intentan determinar la cifra real de damnificados por el siniestro.
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