A puertas del 26 de junio, Día Internacional contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, un informe de CEDRO enciende las alarmas: la ketamina se expande en circuitos ilícitos peruanos y su penetración entre adolescentes crece. El análisis, que revisó casos entre 2021 y 2026 en Perú, Chile, Colombia, Argentina y Brasil, detectó un cambio clave en la dinámica criminal del continente. La presencia del compuesto en decomisos y operaciones policiales dejó de ser aislada.
Según CEDRO, el país ya no solo funciona como ruta de tránsito, sino que ahora cumple funciones de abastecimiento, acondicionamiento y redistribución de esta sustancia hacia otros mercados de Sudamérica. Perú empieza a consolidarse como un nuevo centro regional para la droga sintética, lo que representa una alerta sobre su creciente expansión en el territorio.
El estudio advierte que más de 22.000 escolares peruanos consumieron ‘tusi’, una variante de ketamina, lo que refleja la magnitud del problema entre los jóvenes. “Son un peligro”, señala el informe, que subraya la urgencia de abordar esta amenaza que ya no es ajena al país.
De país de tránsito a centro de redistribución
El informe identifica a Lima como punto de abastecimiento y acondicionamiento, mientras que Tacna opera como zona de almacenamiento y tránsito antes del cruce fronterizo. Corredores como Lima–Tacna–Chile aparecen repetidamente en las incautaciones. Para Milton Rojas, coordinador de Salud Mental de CEDRO, este cambio obedece a vacíos históricos en el control de fármacos. “En el mercado ilegal peruano hay acceso a medicamentos prohibidos, vencidos, adulterados o robados. Uno de ellos es la ketamina. La ausencia de monitoreo y fiscalización ha permitido que esta sustancia incluso salga del país”, señaló a La República. Rojas explica que la ketamina —de uso médico y veterinario— es difícil de rastrear una vez que ingresa a circuitos informales, especialmente en un país con alta automedicación e informalidad farmacéutica.
El ‘tusi’ y la puerta de entrada entre jóvenes
El problema ya no se limita al tráfico internacional. Los datos más recientes muestran que la ketamina también se instala en el consumo juvenil. Según el Estudio Nacional en Población Escolar 2024 de Devida, el 0,5% de estudiantes —equivalente a 10.105 escolares— declaró haber consumido ketamina alguna vez en su vida. A ello se suma que 22.061 escolares reportaron haber probado “tusi”. El dato preocupa porque, según especialistas, el llamado “tusi” o “cocaína rosada” suele contener el compuesto mezclado con otras sustancias, muchas veces desconocidas incluso para quienes la consumen.
Daños físicos y psicológicos
El especialista Rojas advierte desde un enfoque de salud pública que la ketamina tiene un alto potencial de abuso y dependencia psicológica, sobre todo en adolescentes. A nivel orgánico, sus efectos pueden comprometer el cerebro, corazón, pulmones, riñones y vejiga urinaria. En el plano mental, puede desencadenar episodios de disociación, ansiedad severa, ataques de pánico, alteraciones de memoria, síntomas depresivos e incluso episodios psicóticos en personas vulnerables. “El principal riesgo es que el consumidor no sabe qué contiene realmente. La ketamina suele estar presente y eso multiplica la incertidumbre y los daños potenciales”, señala.
La situación se complica cuando se mezcla con alcohol o medicamentos psiquiátricos, algo frecuente entre jóvenes según Rojas. “Los efectos son muchas veces impredecibles. Incluso en emergencias hospitalarias hay dificultades para atender estos casos porque muchas drogas sintéticas todavía no están suficientemente estudiadas”, alerta.
¿Hay vacíos en el control?
Pese a que Perú cuenta con regulación para medicamentos de uso restringido, CEDRO advierte que persisten fallas en la cadena de trazabilidad: desde la importación hasta la venta y distribución. No obstante, Rojas destaca una reciente resolución del Ministerio del Interior publicada en el diario oficial El Peruano, que incorpora nuevas medidas para fortalecer la fiscalización de drogas sintéticas.
Para CEDRO, la respuesta al avance de las drogas sintéticas no puede limitarse a decomisos. La institución plantea reforzar programas preventivos en colegios y comunidades, capacitar a profesionales de salud mental y actualizar estrategias frente a sustancias emergentes. “El país enfrenta nuevos desafíos. Ya no hablamos de las mismas drogas de hace veinte años. Las sintéticas son un peligro real y requieren respuestas distintas”, concluyó Rojas.
A diferencia de la cocaína o el cannabis, donde Perú tiene décadas de experiencia en prevención y tratamiento, las drogas sintéticas representan un escenario nuevo. Aun así, insiste en que la norma no será suficiente sin una articulación real entre Digemid, Sunat, Aduanas, Policía y Fiscalía. “La norma es una oportunidad, pero no resuelve todo. Hay que fiscalizar farmacias, revisar la cadena de suministros y cerrar los espacios donde estos medicamentos se desvían”, remarcó.
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