El caqui, una fruta que se adapta bien a los suelos de la costa central —con drenaje y clima seco—, busca afianzarse en la canasta agroexportadora peruana. Sin embargo, su camino no está exento de obstáculos. Pese a ello, hay optimismo porque, ante los ojos globales, se posiciona como un alimento rico en potasio, magnesio, hierro, manganeso y fósforo.
Gabriel Amaro, presidente de la Asociación de Gremios Productores Agrarios del Perú (AGAP), explica que el caqui es un producto sobre el cual recién se están levantando planes. Según la data más reciente, hay entre 300 y 400 hectáreas de cultivo, ubicadas en el norte de Lima, específicamente en Huaral.
Las cifras de exportación reflejan una evolución inestable. En 2022, los envíos sumaron 693,477 kilos. Al año siguiente, se registró un ligero despegue con 1,175,946 kilos. No obstante, en 2024 —debido a contratiempos climáticos— la cifra volvió a caer: se exportaron 604,000 kilos, lo que representó US$ 356,000.
Pero el clima no fue el único factor. “Consorcio Productores de Fruta (CPF) es el que más exporta caqui, tiene pequeños y medianos productores. Entonces, algunos dejan de producir, se desafilian o se dedican a otra fruta por una decisión personal, quizá por el mercado o porque ven oportunidad en otro producto”, relata Amaro.
Este diario se comunicó con Eugenio Oliveira, gerente general de CPF, para conocer más detalles de la dinámica, pero el representante prefirió no compartir información. No obstante, en declaraciones previas con Agraria, señaló uno de los retos para el posicionamiento internacional: “Cuando estás lejos del mercado, hay que dominar que el producto viaje bien en el contenedor y tenga éxito en destino para ser vendido”, sostuvo.
El presidente de AGAP, Amaro, señala que la clave para potenciar el caqui es diversificar sus destinos. Actualmente, el 98% de la producción se envía a Europa, principalmente a España, y solo un 2% llega a otros mercados como Aruba. “Se está mandando todo a España, casi nada a otro lado. Hay destinos muestra, al parecer Aruba, pero no es un producto que se haya masificado”, indica. Gracias al TLC con la Unión Europea, países como Rusia, Alemania, Italia y Francia también son opciones viables para expandir las exportaciones.
Sin embargo, el foco inmediato está en Estados Unidos. Amaro explica que se trabaja en el análisis de riesgo de plagas (RP), pero el proceso avanza con lentitud. “Yo creo que en el 2026 no va a estar listo todavía. Estos años hemos priorizado algunos cultivos a Estados Unidos: espárragos, cítricos, palta, pitahaya y aguaymanto, y hay otros productos que están en proceso, como el caqui”, precisa. Además, identifica una debilidad en la promoción del fruto. “Ante Estados Unidos es muy importante la promoción. El otro tema es mejorar las condiciones para la inversión acá, todo depende de los márgenes (de tiempo) que dan los cultivos”, añade. Un factor clave es que el árbol del caqui puede tardar entre 3 y 5 años en dar frutos, lo que condiciona los plazos de retorno.
De cara al futuro, Amaro es enfático al señalar que la aprobación de una nueva Ley Agraria en el Congreso sería un impulso decisivo. “Este año, por ejemplo, si se aprueba la nueva Ley Agraria en el Congreso, comenzará a haber más inversiones y las empresas querrán seguir diversificando su canasta”, advierte. Con ello, las expectativas para el caqui y otros productos mejorarían considerablemente, permitiendo que la “fruta del fuego divino” gane un lugar más relevante en la canasta agroexportadora peruana.
El especialista califica esta normativa como una “ley sectorial” que aplica “para todo el sector agrario, para la parte agrícola y la parte pecuaria. Es tanto para la empresa como para el productor individual y de todo tamaño”. Entre los elementos que optimizarían la cadena productiva enumera un instrumento adicional para compras del Estado, la mejora del nivel de renta para productores pequeños —hasta 30 UIT no pagarían renta, y entre 30 y 140 UIT pagarían 1%—, la facilitación de alianzas, la promoción de la formalización y la agilización del procesamiento de estándares de calidad. “Esta ley permitiría formalizar y atender esa necesidad de implementar estándares para la producción de la pequeña agricultura, si es que se une con la agricultura moderna”, finiquita.
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