En El sueño de una noche de verano, que dirige Jean Pierre Gamarra en el Teatro Británico, Leonardo Torres Vilar interpreta al duende Puck, un personaje que se divierte fumando y generando caos. La obra de Shakespeare presenta hadas, romances, enredos y hechizos: cuatro enamorados llegan al bosque encantado y Puck los espera para jugar con el amor no correspondido.
“Jean Pierre es un director impredecible de buena manera”, comenta Torres Vilar por teléfono. “Por lo general, la primera indicación que te da es cualquier cosa menos lo que tú esperabas del personaje. Y eso está bien porque hay directores mucho más lineales que te dicen más o menos lo obvio y con eso estás obligado a construir tu ‘chamba’. Pero él te ofrece una cosa que es completamente disidente, extraña, que te saca de cuadro. Estás empezando con una visión tridimensional, lejana, y es mucho más enriquecedor”.
El año pasado, el actor salía a escena como el ‘empresario de los mendigos’ en La ópera de tres centavos. En aquella puesta, vestía una banda presidencial y las tablas lucían como una lavandería con los personajes. Ahora, Gamarra lo dirige en esta nueva versión del clásico shakesperiano.
Para Leonardo Torres Vilar, el Perú de hoy sería un escenario perfecto para Puck, el duende de El sueño de una noche de verano. “En el Perú estarían doblemente locos”, dice, y explica que el personaje se alegra poniendo en enredos a los enamorados, pero acá “tenemos enredos de todo tipo”. La situación política, por ejemplo, es ideal para que los duendes causen “todo tipo de embrollos y confusiones”. “Puck estaría feliz en el Perú de hoy”, sentencia.
Cuando se le pregunta si ese ‘mundo’ es impredecible y sórdido, Torres Vilar corrige: “Ni siquiera sórdido”. Afirma que el Perú actual es “terreno fértil para todo lo que es burla y confusión”. Puck, junto a Oberón y Titania, “se estaría burlando de todo el mundo, de todas las posiciones sociales y políticas”. El actor asegura que estos personajes “estarían divertidísimos porque, realmente, mucho de lo que hacemos es objeto de burla”. Y agrega: “El Perú es hermoso en nuestra sátira política: nos hace reír”.
Consultado sobre si Gamarra —director de La ópera de tres centavos— lo entiende clarísimo, Torres Vilar responde que sí, pero aclara que no todo el teatro se presta para eso. “Aquí estamos hablando de los superclásicos”, dice, y señala que estas obras “tratan de cosas que son propiedad del ser humano desde que empezaron los tiempos”. Por eso, sostiene: “Yo creo que el teatro debe incomodar a todo el mundo”.
Para Leonardo Torres Vilar, el teatro debe incomodar a todos sin excepción. “El teatro es político de toda la vida. Pero creo que la manera de hacer política del teatro hoy es incomodar a todo el mundo. No darle la razón a nadie”, afirma. Y advierte sobre el riesgo de caer en el panfleto: “Si un espectáculo teatral se pone a favor del conservador o del liberal, ya es un panfleto. Que sea político no quiere decir que sea propaganda”.
Sobre la creación del Colegio de Artistas, el actor es tajante: “Es completamente ridículo. Va en contra de la esencia de lo que es ser artista”. Conoce el tema de cerca, pues fue director académico de una carrera de artes escénicas universitaria hace pocos años. “No te hace más artista el haber estudiado formalmente. Estoy completamente en contra y espero que eso no prospere”, sentencia.
En cuanto a sus próximos proyectos, Torres Vilar se alista para la obra La profesora, dirigida por Mateo Chiarella. Compartirá escena con Yvonne Frayssinet, con quien trabajó hace más de 20 años. “Me da mucho gusto trabajar otra vez con ella”, expresa. Además, El sueño de una noche de verano continúa su temporada en el Teatro Británico de Miraflores. El actor también anunció que en julio iniciará la promoción 21 de su centro de formación actoral, El Estudio.
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