Perú tiene hoy la oportunidad de convertir su compleja geografía en un impulso para innovar. En un país donde la distancia todavía influye sobre si se recibe o no servicios de salud, la salud digital debería ser parte central de la estrategia para cerrar esas brechas. La telemedicina puede ayudar a que una madre en la Amazonía acceda a un especialista sin perder días de viaje, o que un paciente con diabetes en la sierra reciba seguimiento continuo sin saturar hospitales urbanos.
La urgencia no es menor. América Latina y el Caribe sigue siendo una de las regiones más inequitativas del mundo en materia sanitaria. El gasto per cápita en salud ronda los US$ 1,250 anuales, muy por debajo del promedio de la OCDE, y millones de familias todavía enfrentan gastos de bolsillo que pueden empujarlas a la pobreza. En Perú, siete de cada diez personas que necesitaron atención médica en 2022 no lograron acceder a ella. Según la Comisión Lancet del Banco Mundial y la OPS, Latinoamérica en su conjunto podría enfrentar anualmente hasta 165,000 muertes prevenibles y pérdidas de hasta US$ 37,000 millones si la atención primaria se debilita.
La transición epidemiológica agrava el desafío. Enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión y males cardiovasculares requieren seguimiento permanente y acceso continuo a especialistas, algo difícil en zonas dispersas. La pandemia nos dejó una pregunta pendiente: si fue posible atender directamente al ciudadano donde está, sin obligarlo a recorrer horas hasta un hospital, ¿por qué no lo seguimos haciendo? Solo en 2020, el Perú registró más de 14 millones de atenciones por telemedicina.
Sin embargo, esa experiencia aún no se consolida. El reto ahora es pasar de la emergencia a una transformación sostenible. La Red Nacional de Telesalud conecta más de 2 mil establecimientos, la plataforma Teleatiendo ha registrado más de 3 millones de atenciones remotas, y el gobierno ha aprobado el Plan Nacional de Telesalud 2026 como hoja de ruta para la transformación digital del sistema sanitario, pero persisten brechas de conectividad y fuertes diferencias regionales.
La experiencia de El Salvador demuestra que la telemedicina puede cerrar la brecha de acceso en el corto plazo. Con financiamiento de CAF, el país implementó DoctorSV, una plataforma nacional que en pocos meses superó el millón de descargas. Más de 2,800 profesionales atienden en 18 especialidades las 24 horas, integrados con una red de farmacias y laboratorios para completar el ciclo de atención. Además, ofrece seguimiento continuo para pacientes con enfermedades crónicas. “La tecnología no reemplaza a los profesionales de salud, sino que les permite llegar más lejos”, más rápido y con más herramientas para reducir riesgos. La relación humana seguirá siendo el centro del sistema sanitario. Las necesidades de Lima, Loreto o Puno son distintas a las de San Salvador, y CAF seguirá acompañando al Perú en este desafío, compartiendo experiencias regionales. Quizás la pregunta más relevante ya no sea si la telemedicina es viable, sino cómo implementarla de manera efectiva y equitativa, con diagnósticos oportunos, enfermedades controladas y hospitalizaciones evitadas como impactos medibles. Lo que sí puede compartirse son principios: integración entre modelos de atención, más opciones para la población, más conectividad, capacitación y soluciones adaptadas a cada realidad.
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