Un equipo internacional de investigadores, liderado por la doctora Liora Kolska Horwitz, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, y con participación de especialistas de Sudáfrica, Canadá, España, Argentina, Portugal, Estados Unidos e Israel, ha encontrado nuevas evidencias que cambian la historia sobre el uso temprano del fuego por parte de los ancestros humanos. El hallazgo se produjo en la cueva Wonderwerk, ubicada en el desierto de Kalahari, en Sudáfrica.
Los restos con señales de combustión fueron localizados a unos 30 metros de la entrada de la cueva, una distancia que descarta la posibilidad de que incendios naturales alcanzaran ese sector. Además, la capa arqueológica analizada no contenía depósitos de guano, lo que también excluye una combustión espontánea. Los sedimentos datan de entre 1,07 y 1,79 millones de años y están asociados a herramientas achelenses, una tecnología que suele vincularse con Homo erectus.
Los resultados del estudio sugieren que los homínidos de aquella época ya transportaban fuego desde fuentes naturales hasta el interior de refugios subterráneos, una conducta compleja para un periodo tan remoto. Aunque no existen indicios de que pudieran producir llamas por cuenta propia, los científicos consideran que sí contaban con la capacidad de conservarlas y utilizarlas con distintos fines dentro de las cuevas.
El fuego cambió de forma radical la vida de los primeros humanos: proporcionó calor, protección frente a depredadores y permitió cocinar alimentos.
Los investigadores sostienen que los primeros humanos no se limitaban a observar pasivamente los incendios naturales, sino que recogían fuego de eventos como rayos o incendios en la sabana africana y lo trasladaban hasta la cueva. Allí lo mantenían encendido durante un tiempo antes de que se extinguiera, lo que representa un avance significativo en la evolución humana. “Estos descubrimientos muestran que los primeros humanos no eran simples observadores pasivos de los incendios naturales. Interactuaban activamente con el fuego y lo incorporaban a su vida cotidiana”, explicó Kolska Horwitz.
El estudio también presentó una herramienta científica innovadora para identificar señales de combustión en restos fósiles. La técnica aprovecha las propiedades de luminiscencia que adquieren los huesos tras una exposición intensa al calor: al recibir determinadas longitudes de onda de luz, los restos quemados emiten un brillo característico. Gracias a este método no invasivo, el equipo examinó cientos de pequeños huesos fosilizados sin alterar su estado de conservación.
“Las evidencias de fuego en sitios tan antiguos suelen ser sutiles y difíciles de identificar. Nuestro estudio aporta nuevas herramientas para reconocer rastros de combustión antigua”, señaló la investigadora. Los autores consideran que esta tecnología permitirá explorar otros yacimientos arqueológicos y comprender mejor cuándo comenzó una de las innovaciones más trascendentales de la historia humana.
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