¿Sabía usted, paisano o paisana, que el 24 de junio es una de las fechas más importantes del año en muchísimas partes del mundo? Quizás no nos damos cuenta, pero está muy cerca en importancia simbólica de la Navidad. Muchos creemos que se trata solamente de la celebración de un santo cristiano más, San Juan Bautista, el que bautizó a Jesús en las aguas del río Jordán. Pero la historia viene desde mucho antes del cristianismo.

Alrededor del 24 de junio ocurre algo que nuestros antepasados observaron durante miles de años: la naturaleza nos muestra que la oscuridad no puede avanzar para siempre. En el hemisferio sur, donde estamos nosotros, lo vemos diariamente en estas épocas. Los días se han ido acortando poco a poco. Usted ve que amanece más tarde y que anochece más temprano, y aquí sentimos que el sol se aleja y que en algún momento desaparecerá hasta que llega el solsticio de invierno, el 24. Y parece que el sol reaccionara y dijera: "Hasta aquí nomás." Y decide regresar haciendo que los días comiencen a alargarse de nuevo.

Por eso esta fecha es tan poderosa: es el día de la esperanza, el día de la mirada positiva. Así como el campesino celebra el sol, pero igual trabaja la tierra, también nosotros debemos trabajar para que esa luz vuelva a nuestras familias, nuestras comunidades y nuestro país.

por Rolando Arellano Cueva

En el Perú andino, desde tiempos inmemoriales, se celebra esta fecha como una prueba natural de que lo malo puede revertirse, de que ninguna noche dura para siempre y de que la luz siempre puede volver a crecer. Los incas ya festejaban el Inti Raymi, la gran fiesta del sol, mientras que en el hemisferio norte los pueblos antiguos hacían lo propio, pero en el otro sentido. Hoy, por ejemplo, en toda Europa se encienden grandes fogatas para conmemorar el día más largo del año, y en Quebec, la provincia francófona de Canadá, la Saint-Jean es una fecha de orgullo cultural tan importante que se ha convertido en su día de fiesta nacional. *Bonne fête Quebec*. Lo interesante, paisano paisana, es que pueblos que nunca se conocieron llegaron a la misma conclusión: todo puede mejorar, las malas rachas pasan, las tendencias cambian y siempre hay una oportunidad para empezar de nuevo. Eso sí, la esperanza no significa quedarse sentado, esperando. Así como el campesino celebra el sol pero igual trabaja la tierra, también nosotros debemos trabajar para que esa luz vuelva a nuestras familias, nuestras comunidades y nuestro país. ¿Qué podemos hacer usted y yo, paisano o paisana, para que esta esperanza no sea solo una fecha en el calendario, sino una manera de vivir y de mejorar? Google News

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