Este Búho recorrió cada rincón de la ciudad y viajó a varias provincias para medirle el pulso a la ciudadanía durante las elecciones de este año. “Perro que no camina no encuentra hueso”, me dijo un viejo amigo, y esa es la función del periodista: caminar y ensuciarse los zapatos. Ni los renombrados sociólogos, politólogos y opinólogos conocen mejor la realidad del país que los propios ciudadanos que se fajan día a día trabajando.

La primera vuelta, bajo el mando del inefable Piero Corvetto, estuvo manchada por ‘irregularidades’. Una investigación periodística reveló la pésima custodia de seguridad de las cédulas de votación, que fueron encontradas ¡¡en la basura!! Con justa razón, Rafael López Aliaga alzó su voz de protesta. Hay dos caras en estas elecciones.

El domingo 12 de abril, recuerdo que pude conversar con algunos limeños que acudieron tempranito a cumplir su deber ciudadano. Grande fue su sorpresa cuando, siendo el mediodía, sus mesas no abrían y no abrieron nunca. En Lima, decenas de mesas no se abrieron por falta de material electoral. Así, a miles de peruanos se les violó su derecho al voto.

Era insólito que las tarjetas electorales hayan llegado a lo más recóndito del Perú, como Puno o Amazonas, pero no a Villa María del Triunfo, a menos de media hora de donde se almacenaban todos estos materiales. Estas son algunas ‘perlitas’ de la primera vuelta.

El candidato Roberto Sánchez, que hace semanas se comprometió públicamente a respetar los resultados electorales —“Yo me comprometo a respetar los resultados (...) Yo voy a respetar los resultados, me comprometo ante el país”—, ahora los desconoce al ver que favorecen a Keiko Fujimori. En esa misma entrevista, el líder de Juntos por el Perú advirtió que las narrativas de fraude empeoran la inestabilidad en el país, pero hoy llama a peligrosas movilizaciones a nivel nacional. Su discurso revela una hipocresía política, un cálculo perverso para llegar al poder.

La segunda vuelta, en contraste con la primera, se desarrolló de manera más ordenada y sin contratiempos. Todo el material electoral se repartió con anticipación, permitiendo que los peruanos ejercieran su derecho a elegir presidente. A pesar de ello, Sánchez intenta desconocer la voluntad popular, incluso la de los peruanos en el exterior, muchos de los cuales migraron tras la desastrosa gestión de Pedro Castillo. Conozco a jóvenes en el extranjero que hoy realizan labores distintas a las que estudiaron.

Además, Sánchez utilizó sin vergüenza un sombrero ajeno, se vendió como campesino, pero vive en una lujosa zona de San Borja y disfruta de los jugosos bonos del Congreso. Su actitud refleja un desprecio por la democracia y la decisión de los ciudadanos.

“Viajé hace un par de años porque en Perú no había oportunidades y la inseguridad era desbordante. Aquí cuido abuelitos, pero yo soy comunicadora”, me relata una amiga desde Australia. Patear el tablero es sencillo, pero con ese mismo ímpetu hay que asumir las consecuencias. Convocar a marchas en un país tan polarizado como el Perú puede terminar en un injusto derramamiento de sangre.

Calificar de fraude un proceso electoral que fue más transparente que el anterior —con el que incluso pasó a segunda vuelta— es propio del berrinche de un político inmaduro e inconsecuente con sus palabras. No se trata de ‘si yo gano es democracia; si yo pierdo es fraude’. La pregunta es si sus socios Alfonso López Chau, Ricardo Belmont, George Forsyth, Daniel Salaverry o Yonhy Lescano respaldan esta majadería antidemocrática, estas ganas de incendiar la pradera y desestabilizar el país. ¿Están de acuerdo con estas acusaciones y los llamados a protestas? Tendrán que responder a la brevedad. O se pondrán al nivel de Antauro Humala o José Domingo Pérez, personajes que secundan al ‘Sombrero’ con esa narrativa.

Señor Sánchez, la voluntad del pueblo se debe respetar. Apago el televisor.

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