El Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (Cenepred) ha identificado que, entre este mes y agosto próximo, un total de 5.9 millones de hectáreas agrícolas se encuentran en niveles de riesgo alto y muy alto de ser afectadas por huaicos en el país. A esa cifra se suman 1.5 millones de hectáreas en peligro similar por inundaciones, lo que da un total de cerca de 7.4 millones de hectáreas (has) amenazadas.
Si se toma solo el nivel de riesgo muy alto, que impactaría sobre 3.2 millones de hectáreas, se distingue que por huaicos las regiones más afectadas serían San Martín (684,730 has), Cajamarca (437,165 has), Amazonas (353,139 has), Junín (308,645 has), Piura (243,815 has) y Huánuco (240,907 has), entre otras. En cuanto a inundaciones (446,581 has en riesgo muy alto), la superficie agrícola comprometida pertenece a Ucayali (113,456 has), San Martín (96,731 has), Loreto (74,909 has), Pasco (32,728 has), Huánuco (30,683 has) y Huancavelica (30,683 has), entre otras regiones.
Además de los daños que esos posibles desastres podrían provocar a las poblaciones —3.6 millones de personas están en peligro por huaicos y 3.4 millones por inundaciones—, el Cenepred advirtió que también se pone en riesgo la agricultura. Las lluvias sobre lo normal previstas hasta agosto próximo en un sector de la sierra nororiental y la Amazonía podrían provocar deslizamientos de tierra, huaicos e inundaciones en unas 15 regiones.
En el contexto actual, el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) ya ajustó a la baja su proyección para el sector agropecuario de 2.5% a 0.3% para el 2026. La afectación en el rendimiento de cultivos y en el peso de las aves por anomalías cálidas, como consecuencia de El Niño, fueron las principales razones. A ello se suma que en algunas zonas del país se esperan fuertes lluvias, que no suelen ser normales en esta época del año, pues Perú se encuentra en periodo de estiaje.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), a abril la agricultura se contrajo 0.30%. Las proyecciones del BCRP y la advertencia del Cenepred reflejan el impacto que El Niño y las lluvias inusuales ya están generando sobre millones de hectáreas de cultivos.
El riesgo sobre el sector agrícola podría ser aún mayor de lo estimado, ya que el cálculo del Cenepred se realizó bajo el escenario de un fenómeno de El Niño moderado. En ese contexto, las lluvias por encima de lo normal afectarían al 65% del total de la superficie agrícola del país, es decir, dos de cada tres hectáreas cultivables de las 11.2 millones que existen en todo el territorio nacional.
Sthefany Tisnado, especialista en servicios agrometeorológicos del Senamhi, señaló a Gestión que, de concretarse un El Niño costero de magnitud fuerte, la superficie afectada podría superar lo previsto inicialmente. No obstante, advirtió que habrá que esperar el pronunciamiento oficial del Cenepred o del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri).
Más allá de las inundaciones y huaicos que ya contemplan los cálculos del Cenepred, la especialista recordó que existe un peligro adicional para el agro: las temperaturas del aire muy por encima de lo normal que traería un Niño fuerte. Mientras que con un evento moderado la temperatura del aire puede subir un grado sobre lo normal, con uno fuerte el incremento puede alcanzar hasta tres grados, lo que genera un efecto negativo mayor sobre los cultivos.
En la región costera, Tisnado advirtió que la persistencia de altas temperaturas podría perjudicar el inicio de la campaña agrícola 2026-2027, que suele comenzar entre agosto y septiembre. “Las condiciones cálidas del aire van a afectar los ciclos normales para la inducción floral y la floración, que son clave para los principales productos de la costa central y también de la costa norte”, aseveró. Este cambio alteraría el comportamiento agronómico de diversos cultivos frutales, especialmente en su etapa de desarrollo.
¿Qué cultivos se verían más afectados?
En la vertiente norte, los sembríos de arroz y maíz amarillo duro serían los más vulnerables a las inundaciones, según la experta consultada. Las lluvias intensas no solo dañarían estos cultivos, sino también la infraestructura de riego agrícola, como canales y bocatomas. Además, las temperaturas por encima de lo normal afectarían el llenado de los granos, reduciendo los rendimientos. Frutos de exportación como el mango y el limón también sufrirían estrés térmico y falta de horas de frío, alterando drásticamente su fenología, impidiendo su floración y perjudicando la producción.
Ulises Osorio, experto en agroclimatología, señaló que el mango ya está dejando de florear en campos sin manejo agronómico o técnico. También se podrían afectar los sembríos de olivo y arándanos. Sobre estos últimos, el BCRP indicó que el impacto del Fenómeno El Niño costero del 2026 sería menor al del 2023, “debido al recambio varietal, la incorporación de nuevas áreas de cultivo y la mejora en las prácticas de manejo agronómico”.
En la sierra y el altiplano, la falta de humedad prevista por el atraso o escasez de lluvias retrasaría las siembras de papa y quinua. Esto acortaría su periodo vegetativo, reduciría el tamaño de los frutos y la calidad del producto cosechado. En la zona sur del país, Osorio advirtió que las lluvias, que normalmente empiezan en octubre, podrían iniciarse recién en noviembre o diciembre, causando estrés hídrico a los cultivos.
La experta recordó que las inundaciones también dañan la infraestructura de riego agrícola, como canales y bocatomas, agravando la situación. Incluso, anotó, se podrían dañar frutos de exportación como el mango y el limón a causa del estrés térmico y la falta de horarios de frío, lo cual va a alterar en forma drástica la fenología de los cultivos, impidiendo también su floración y perjudicando su producción.
En la zona andina del centro y sur del país, los vientos sobre lo normal en la tropósfera podrían incrementar la ocurrencia de “friajes” y “heladas”, lo que reduciría las temperaturas y retrasaría el deshielo de los glaciares, afectando la disponibilidad hídrica de los ríos hacia las zonas agrícolas, según advirtió el especialista. En paralelo, el sector pesquero también enfrenta consecuencias: incluso cuando se proyectaba un El Niño de magnitud moderada, el Ministerio de la Producción ya había suspendido la temporada de pesca en gran parte de la zona norte-centro.
Pamela Bernabé, economista de Macroconsult, había señalado a este diario semanas atrás: “A estas alturas prácticamente es una primera temporada [de pesca] perdida. Eso complica el panorama hacia adelante. Sin una primera temporada, nuestra proyección de pesca será de una caída de más de 20%, cuando antes esperábamos un retroceso de 10%”.
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