La Unión Europea ha identificado a América Latina como un socio clave para expandir la producción de combustibles sostenibles de aviación (SAF), una tecnología que considera fundamental para descarbonizar un sector que aún depende casi enteramente de los combustibles fósiles. La cooperación con la región resulta vital para cumplir con los compromisos climáticos y de seguridad energética del bloque europeo.

La abundancia de biomasa, energía solar, eólica e hidroeléctrica brinda a los países latinoamericanos condiciones propicias para producir biocombustibles y combustibles sintéticos destinados al transporte aéreo y marítimo. Brasil se perfila como uno de los mercados con mayor potencial, mientras que Colombia, Chile, Paraguay y otras naciones buscan integrarse a esta nueva cadena energética.

“América Latina ofrece una combinación particularmente atractiva caracterizada por abundancia de recursos, potencial de crecimiento productivo y estabilidad relativa frente a otras regiones productoras”, señaló Andrés Rebolledo, secretario ejecutivo de la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (Olacde), en declaraciones a Bloomberg Línea.

Según cálculos de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), Brasil podría alcanzar una capacidad de producción cercana a 12 millones de toneladas anuales de SAF en 2030 y llegar hasta 60 millones en 2050, aprovechando sus materias primas renovables. Colombia, por su parte, tendría oportunidades gracias al desarrollo de su industria de palma, que podría abastecer parte de la demanda de aceites vegetales utilizados en ciertos procesos productivos.

La UE prevé movilizar 2.900 millones de euros para aumentar esta producción y fomentar asociaciones sostenibles. Foto: IA/La República.

Producción todavía cubre menos del 1% de la demanda

A pesar del creciente interés global, la fabricación mundial de SAF sigue estando muy por debajo de lo necesario. Según estimaciones de la IATA, en 2026 se producirán cerca de 2,4 millones de toneladas de este combustible, una cifra que representa apenas el 0,8% del total consumido por las aerolíneas. Si bien este volumen supera los 1,9 millones de toneladas de 2025 y el millón registrado en 2024, resulta insuficiente frente a las aproximadamente 500 millones de toneladas que el sector requeriría para alcanzar su meta de cero emisiones netas en 2050.

Willie Walsh, director general de la IATA, señaló que “parece que va a ser otro año decepcionante para la producción de SAF”. Según citó Bloomberg Línea, el representante del gremio advirtió que la limitada inversión, la falta de coordinación regulatoria y el escaso involucramiento de las compañías petroleras dificultan la creación de un mercado competitivo. Uno de los principales obstáculos es el precio: el combustible elaborado mediante la tecnología HEFA puede costar hasta el doble que el queroseno convencional, mientras que el denominado e-SAF, producido con hidrógeno renovable y carbono capturado, puede ser entre siete y 10 veces más caro.

Las aerolíneas europeas también han expresado su preocupación. Advierten que las obligaciones de consumo podrían colocarlas en desventaja frente a empresas de regiones con regulaciones menos exigentes. En marzo, el director ejecutivo de EasyJet, Kenton Jarvis, pidió aplazar los mandatos hasta que exista suficiente oferta en el mercado.

Europa busca movilizar inversiones

Para enfrentar este desafío, la Unión Europea ha puesto en marcha el Plan de Inversión en Transporte Sostenible, que prevé movilizar al menos 2.900 millones de euros hasta 2027. El objetivo es aumentar la producción de combustibles renovables y de bajas emisiones destinados tanto a la aviación como al transporte marítimo.

La cooperación con América Latina incluye estudios de viabilidad sobre la producción de SAF. Entre 2018 y 2023, Europa financió evaluaciones en República Dominicana y Trinidad y Tobago, mientras analiza nuevas oportunidades vinculadas con biomasa, hidrógeno y energías renovables. La estrategia europea calcula que serán necesarios más de 20 millones de toneladas de estos combustibles para cumplir sus objetivos. Parte de los proyectos será promovida mediante Global Gateway, programa con el que la UE busca financiar infraestructura sostenible y asociaciones económicas en la región, además de África y Asia-Pacífico.

El interés europeo no responde solamente a sus compromisos climáticos. La volatilidad de los mercados, la dependencia del queroseno importado y las tensiones geopolíticas han convertido la seguridad energética en una prioridad estratégica. Alrededor del 30% de las importaciones europeas de combustible para aviación procede directamente de Oriente Medio. La exposición sería cercana al 40% si se incluye el producto refinado en terceros países con petróleo proveniente de esa zona.

Hidrógeno abre otra oportunidad regional

América Latina también podría producir el hidrógeno necesario para elaborar combustibles sintéticos. Olacde estima que varios países de la región podrían alcanzar costos inferiores a US$1,5 por kilogramo, debido a la calidad de sus recursos renovables. Esta ventaja, sin embargo, no garantiza el acceso al mercado europeo. Los proyectos deberán contar con redes eléctricas, plantas de conversión, terminales de almacenamiento, puertos y corredores logísticos especializados.

También tendrán que cumplir requisitos ambientales relacionados con el origen de la electricidad, la trazabilidad del producto y las emisiones generadas durante toda la cadena de valor. Europa exige, además, criterios de adicionalidad y correlación temporal y geográfica entre la generación renovable y la producción de hidrógeno.

La Unión Europea sostiene que su propuesta apunta a desarrollar cadenas de valor y no únicamente a importar recursos. A través de Global Gateway, prevé movilizar más de 45.000 millones de euros en América Latina y el Caribe hasta 2027, con proyectos vinculados a energía, infraestructura y materias primas críticas. Para la región, la expansión del SAF podría generar inversiones, empleo y nuevas capacidades industriales. No obstante, su aprovechamiento dependerá de que los países eviten limitarse a exportar biomasa o hidrógeno sin procesar y logren incorporar tecnología, refinación y certificación dentro de sus economías.

La gestión del agua será otro punto crítico, especialmente en territorios con escasez hídrica que buscan desarrollar proyectos de gran escala. La oportunidad está abierta, pero el despegue de los combustibles sostenibles requerirá reducir costos, asegurar materias primas, construir infraestructura y establecer reglas capaces de ofrecer previsibilidad tanto a productores como a aerolíneas.

Leer artículo completo en larepublica.pe →