La reconocida directora de orquesta venezolana Elisa Vegas estará al frente de la Orquesta Filarmónica de Lima este sábado 27 de junio en el Auditorio Central de la Universidad de Lima. El concierto, titulado Stravinsky: Fuego y Elegancia, combinará la sofisticación neoclásica de la Suite Pulcinela con obras esenciales de Mozart y Sibelius.
Vegas, clarinetista profesional y directora titular de la Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho desde 2017, es una de las pocas mujeres que ocupan el podio de dirección orquestal en el mundo. En el ámbito de la música clásica latinoamericana, su nombre está muy bien posicionado. La República conversó con ella sobre su trayectoria.
—¿Cuánto tiempo llevas en la dirección de orquesta?
—Comencé muy joven dirigiendo. Ya voy 18 años. Yo soy clarinetista de profesión y estudié también la carrera de Artes y Musicología. La dirección llegó cuando estaba estudiando artes en la Universidad Central de Venezuela.
—Uno de los aspectos que se ha subrayado de tu dirección es el estilo.
—En mis inicios, no había muchos modelos femeninos a seguir. Hoy en día vemos más directoras mujeres en el podio, pero en ese momento no tanto. Yo tenía la opción de dirigir imitando a otros, dirigir de una manera un poco masculina, o tener otra vía, que fue la que finalmente tomé, que era ser auténtica. Ser fiel a cómo yo me siento como persona, a la música como yo la vivo desde adentro. Y esa fue mi decisión. En aquel momento yo dije, si funciona, bien. Y si no funciona, también. Pero lo que no podía hacer era tomar como profesión de vida algo que no fuese acorde a mí.
—¿Cómo calificarías tu estilo? —Tengo un estilo muy particular y enérgico. Concibo la música desde la alegría y el intercambio de sonidos, no solo dentro de la orquesta, sino en lo que logramos transmitir al público. En ningún momento intenté parecerme a un hombre para ser buen director. —En Venezuela hay una tradición bastante fuerte en música clásica. ¿A qué se debe que en momentos de crisis la calidad no haya decaído? —En los momentos de crisis, la cultura siempre ha sido un salvavidas. Venezuela, ciertamente, tiene un sistema musical muy fuerte. Al respecto, destaco dos aspectos. Primero, aunque la educación formal pública se ha visto mermada, la educación musical no ha decaído y sirve como un gran complemento para los jóvenes y niños venezolanos. Segundo, cada vez que se materializa un hecho artístico de alto nivel, como una orquesta sinfónica, conectamos directamente con la esperanza. Creo que esta es una de las razones principales por las que decido permanecer en Venezuela, pues siento que la labor de la música no es solo inspirar al público, sino también conectar con las posibilidades reales de un futuro mejor. Yo veo la música unida a un propósito social. Parte de mi formación la hice fuera y tomé la decisión de regresar por esa razón. —¿Te han criticado por el hecho de quedarte en Venezuela, tipo estás avalando un gobierno? —Mi postura política siempre ha sido una postura absolutamente privada, nunca ha sido pública. Pero, por otro lado, mi postura pública siempre ha sido de unión y de encuentro a través de la música. La orquesta que yo dirijo no es una orquesta del Estado, es una orquesta privada, como la Filarmónica de Lima, que voy a dirigir. Y, a través del Teatro Teresa Carreño, que sí es del Estado, me dedico a la cultura. Eso, en mi caso, ha sido un privilegio.
Elisa Vegas. Foto: Difusión.
—Esta es tu primera presentación en Lima.
—La Orquesta Filarmónica de Lima es una institución muy sólida. Me he encontrado con una calidad artística muy buena. A algunos de los solistas de la orquesta, realmente, quisiera llevármelos conmigo, porque el nivel es muy alto. El programa combina dos obras que, aunque de colores sonoros totalmente diferentes, están íntimamente unidas por un hilo conductor: el clasicismo. La primera parte estará dedicada a Mozart, representante del clasicismo puro; la segunda, a un Stravinsky que no es el de La consagración de la primavera, sino el del neoclasicismo del siglo XX. Así, el concierto transitará del clasicismo al neoclasicismo, ofreciendo una experiencia muy coherente. Además, será una velada virtuosa: la maestra concertino, el capo de segundos violines, el de viola y el de cello ejecutarán solos, lo que representa un reto para cada instrumento y para la orquesta en su conjunto.
—Tu reconocimiento internacional es contundente. ¿Has tenido que esforzarte el doble por ser mujer?
—Sí, absolutamente. Cada vez hay más mujeres dirigiendo, pero es un campo que por tradición es masculino. Ojo, no es una crítica, no lo digo desde el lugar de la crítica, sino desde el lugar histórico. Históricamente ha sido así. Cuando yo llegué allí, siendo mujer, por supuesto que tuve que estar triplemente preparada, porque sentía yo que los errores se le perdonaban a uno mucho menos. Creo que así cabe ser auténtico. Cuando uno se presenta como es, se rompen muchas barreras. Pero ha sido difícil. Como mujeres, tenemos que encontrar nuestros caminos donde veamos que las puertas y las oportunidades están abiertas. Donde no están, si ahí no es, ahí no es. No hay que engancharse. Ha habido muchísimos retos, pero el balance al final, viéndolo en retrospectiva, ha sido positivo.
Las entradas en Joinnus van de S/35 a S/120.
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