Muchos peruanos sueñan con emprender, pero Victoria no lo planeó: la necesidad la empujó a los 16 años a un rubro que hoy, en Lima Norte, sigue ejerciendo con esmero. “No lo tenía mapeado, pero luego me enamoré del negocio”, cuenta orgullosa. Mientras sus compañeros vivían etapas propias de su edad, ella y su pareja levantaban un emprendimiento en un espacio de 20 por 30 metros cuadrados con la esperanza de mejorar su futuro.

Empezaron con materiales básicos como un kilo de clavos, cincuenta ladrillos y productos de alta rotación como tuberías e iluminación. También incorporaron a su pequeño catálogo cincuenta bolsas de cemento, convencidos de que las venderían rápido, pero no fue así. “Teníamos pocas ventas los primeros días, incluso a veces no ingresaba nada a caja. Lo peor era recibir comentarios no tan favorables de vecinos e incluso de familiares, pero hicimos de todo para cambiar algunas cositas y no rendirnos”, comenta.

Al inicio, la pareja sola sacaba adelante la ferretería, lo que llevó a Victoria a involucrarse en todos los procesos, incluido cargar ladrillos y bolsas de cemento estando embarazada. “También he lampeado en ese estado; gracias a Dios mi hijo nació sanito”, detalla.

Victoria empezó con pocas ventas y muchas dudas, pero con esfuerzo logró convertir su ferretería en el sustento de su familia en Lima Norte. Foto: Diana Marcelo.

Al año empezó a notar el crecimiento de su negocio, por lo que apostó por adquirir un auto usado para sus entregas. Posteriormente, se mudó a un local más grande y contrató a tres personas para que la ayuden a potenciar la ferretería, que con el tiempo quedó bajo su responsabilidad. Este despegue fue posible gracias a los clientes que llegaron, conocieron su servicio y nunca más lo dejaron.

“Es importante fidelizar a los maestros de obra, vecinos y más. Siempre estoy pendiente de ofrecerles detalles y buenos precios, pero lo esencial es escucharlos y solucionar sus problemas”, indica.

Progresol ha acompañado a Victoria en este camino de aprendizaje, con altas y bajas, invitándola a campañas y charlas. “Decir que soy parte de esta importante red aporta confianza a las personas y me diferencia de la competencia”, señala con la determinación de que seguirá creciendo. La ferretera empezó con pocas ventas y muchas dudas, pero con esfuerzo logró convertir su negocio en el sustento de su familia en Lima Norte.

Victoria empezó con pocas ventas y muchas dudas, pero con esfuerzo logró convertir su ferretería en el sustento de su familia en Lima Norte. Foto: Diana Marcelo.

Manejar una queja con rapidez, empatía y buena comunicación puede marcar la diferencia entre perder un cliente o fortalecer su confianza. Estos cinco consejos te ayudarán a convertir un problema en una oportunidad de mejora. Primero, escucha sin interrumpir: permite que el cliente explique lo ocurrido y presta atención a todos los detalles, ya que sentirse escuchado ayuda a disminuir la molestia. Segundo, mantén la calma: evita responder con enojo o tomar la situación como algo personal; una actitud tranquila ayuda a manejar mejor el problema. Tercero, muestra empatía: reconoce el malestar del cliente y demuestra interés por encontrar una solución; frases simples pueden ayudar a generar confianza. Cuarto, busca una solución rápida: si el problema tiene solución inmediata, intenta resolverlo lo antes posible, pues la rapidez puede cambiar una mala experiencia. Quinto, aprende de la experiencia: identifica qué ocasionó la queja y toma medidas para evitar que vuelva a ocurrir en el futuro.

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