El nuevo gobierno tiene como tarea prioritaria ordenar, limpiar a fondo, moralizar y poner a trabajar en beneficio de los asegurados a EsSalud, institución que en los últimos cinco años se ha convertido en un botín político donde se han dedicado a todo, menos a dar una buena atención. Hace falta una reingeniería a fondo, pero también urge el compromiso del sector privado, que tiene asiento en el directorio porque las empresas también aportan por sus trabajadores en planilla, para que no veamos nuevamente a la institución en manos de ineptos, sinvergüenzas y corruptos que responden a los intereses de sus “padrinos” políticos y la han convertido en el verdadero desastre que es hoy.

Lo que se necesita es casi una refundación que permita al Estado brindar una atención en salud digna de seres humanos. Así, no se repetirían escenas como las del Hospital Edgardo Rebagliati, por citar solo uno ubicado en Lima, donde pacientes que llegan por emergencia son dejados por dos o tres días en un pasillo esperando en una silla de ruedas hasta que se les consiga una cama. Nunca más puede haber adultos mayores haciendo colas desde las cinco de la mañana por una cita que se la darán el próximo año, o comprando medicinas con su dinero cuando tienen derecho a que se las den sin pago alguno, o siendo “derivados” a una clínica privada donde atiende –y cobra– el mismo médico que trabaja en EsSalud. Tampoco pueden repetirse las oficinas llenas de burócratas cuando lo que faltan son médicos y enfermeras.

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