La pérdida de divisas por la menor llegada de turistas golpea con fuerza a las pymes, que representan la mayoría del sector. En el 2023 se dejaron de percibir más de US$ 1,000 millones en comparación con el 2019, según cifras que reflejan un retroceso significativo.
La conectividad aérea es un factor determinante para revertir esta tendencia. El aeropuerto de Ayacucho es un caso exitoso: en el 2007 movilizó a 26,810 pasajeros; tras su concesión, la cifra saltó a 280,652 en el 2019 y, entre enero y noviembre del 2023, alcanzó los 315,120 pasajeros. Este crecimiento genera un círculo virtuoso que impulsa el desarrollo del destino turístico, el empleo y el progreso local.
Sin embargo, hoy el país enfrenta serias amenazas para la conectividad. El nuevo aeropuerto Jorge Chávez estará listo en diciembre del 2024, pero arrastra grandes desafíos. Su principal acceso, el puente Santa Rosa, no fue construido a tiempo por Provías (dependiente del MTC), por lo que se instalarán puentes temporales, lo que califican como “una vergüenza internacional”. Además, varias obras alrededor carecen de planificación: el cierre de la avenida Faucett por tramos durante varios años por las obras de la Línea 2 del Metro de Lima (cuya estación final no llega al nuevo aeropuerto, sino al antiguo), las obras de la vía expresa Santa Rosa y el intercambio Morales Duárez-Faucett. Todo esto configura una pésima cara de la puerta de entrada al país.
Ante este panorama, se requiere una acción urgente. Debe conformarse un grupo de muy alto nivel, con los propios ministros (no funcionarios) del MTC, MEF, Mincetur y la PCM, así como el alcalde del Callao, para tomar medidas concretas y solucionar el problema. “Si no son capaces de solucionarlo, deben dar un paso al costado. El Perú no puede ser la vergüenza de la región”, advierten.
La conectividad aérea del país enfrenta múltiples desafíos que requieren acciones urgentes. En primer lugar, Corpac —considerada otro ejemplo fallido de empresa estatal— debe resolver sus problemas internos. El saliente Consejo Directivo impulsó cambios clave que no deben detenerse: capacitaciones para nuevos meteorólogos y especialistas en comunicaciones (que no se realizaban desde 2016), formación de 16 nuevos radaristas y controladores aéreos, compra de equipos faltantes para el aeropuerto Jorge Chávez, normas para compras eficientes con organismos internacionales, modernización tecnológica y reorganización institucional. "Hay mucho por hacer y no se puede retroceder".
Por otro lado, el aeropuerto de Chinchero acumula tres problemas: obras paralizadas, falta de definición del MTC sobre su puesta en marcha, y la necesidad de una licitación internacional transparente para su operación. Además, urge concesionar el tercer grupo de aeropuertos regionales para dar conectividad a zonas como Jaén o Jauja, que hoy están cerrados. Ni Corpac ni el MTC pueden gestionarlos adecuadamente.
Es hora de impulsar la conectividad del país.
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