En los bosques tropicales del norte de Queensland, Australia, una diminuta araña del género Propostira —aún sin nombre científico oficial— ha dejado perpleja a la comunidad científica por su asombrosa técnica de caza. Apodada 'araña balista' por su parecido con la antigua máquina de guerra romana, este arácnido fabrica una compleja trampa de seda que funciona como un mecanismo elástico para lanzar a sus presas por el aire.
El comportamiento fue documentado por el profesor Ajay Narendra, de la Universidad Macquarie, y el estudiante de posgrado Pranav Joshi, quienes pasaron 10 días y 10 noches cerca de Cooktown observando a estos animales con cámaras infrarrojas y de alta velocidad. Lo que descubrieron es una extrema especialización: la estructura solo sirve para capturar a la hormiga verde de los árboles (Oecophylla smaragdina), un insecto conocido por su agresividad y su capacidad para movilizar grandes grupos en cuestión de segundos.
La trampa, impulsada por energía elástica, se activa cuando la hormiga muerde el cono de la telaraña. En ese instante, el arácnido libera el resorte de seda y la presa sale disparada hacia la telaraña principal, donde queda atrapada. Los investigadores publicaron sus hallazgos en la revista Current Biology, donde detallan cómo este mecanismo permite a la araña balista cazar con precisión a un enemigo tan peligroso sin exponerse a sus mordeduras ni a la respuesta masiva de su colonia.
Según Narendra, “sospechamos que durante la etapa final de construcción la araña añade una feromona que atrae específicamente a las hormigas obreras y provoca un ataque agresivo”. Cuando una hormiga muerde el cono, libera el mecanismo y sale disparada más de 30 centímetros hacia arriba hasta quedar atrapada en la telaraña principal. Durante el día, la araña permanece oculta bajo una hoja situada sobre zonas frecuentadas por hormigas verdes. Cuando llega la noche, desciende más de 50 centímetros y crea un sistema compuesto por entre 15 y 60 líneas de seda tensadas que forman una especie de cono. Después envuelve la estructura con una seda más fina y regresa rápidamente a una posición segura.
Los investigadores consideran que este caso representa un nivel de especialización excepcional. “Parece ser el único ejemplo en el que una telaraña está diseñada para capturar una sola especie de presa y donde el mecanismo se activa por la misma presa, no por el depredador”, explicó Narendra. El estudio también reveló que la seda almacena una enorme cantidad de energía elástica. El biólogo Jonas Wolff, de la Universidad de Greifswald, analizó muestras del material y comprobó que la aceleración supera los 1.300 metros por segundo al cuadrado. Esa fuerza permite vencer la resistencia de las hormigas, que poseen almohadillas adhesivas capaces de sujetarlas firmemente a las superficies.
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