El Tiranosaurio rex, una de las especies más emblemáticas del Cretácico, necesitaba un periodo mucho más largo de lo que se creía para llegar a su tamaño máximo. Un reciente estudio analizó 17 fósiles de tiranosaurios y determinó que este depredador seguía en crecimiento hasta alrededor de los 40 años, cuando podía alcanzar las ocho toneladas. Esta nueva estimación amplía en 15 años la edad adulta que se aceptaba hasta ahora, situada cerca de los 25.

El Tyrannosaurus rex continuó creciendo hasta los 40 años. Foto: Roger Harris/SPL

Para llegar a esta conclusión, los paleontólogos reunieron ejemplares juveniles y adultos y reconstruyeron su desarrollo a partir de marcas conservadas en los huesos. El método se basa en anillos internos similares a los de los árboles: cada marca aporta pistas sobre el ritmo de desarrollo y el momento de la muerte. No obstante, una sección de hueso suele conservar solo los últimos 10 o 20 años, por lo que ningún fósil cuenta la historia completa.

El equipo, liderado por Holly Woodward, profesora de anatomía en la Universidad Estatal de Oklahoma, examinó láminas delgadas con luz circularmente polarizada y luz polarizada cruzada. Estas técnicas permitieron detectar señales que antes pasaban desapercibidas. "Examinar los anillos de crecimiento preservados en los huesos fosilizados nos permitió reconstruir año por año la historia de estos animales", explicó la experta. Este registro ofrece la visión más detallada de la transformación del animal.

Las pruebas que revelan el lento crecimiento del T. rex

El trabajo, que analizó fósiles de distintas edades, logró trazar el desarrollo del Tiranosaurio rex con un nivel de detalle sin precedentes. La investigación confirma que esta icónica criatura del Cretácico vivió y tardó más tiempo en alcanzar su tamaño máximo de lo que se pensaba, lo que cambia la comprensión de su ciclo de vida y su biología.

El modelo estadístico desarrollado por Nathan Myhrvold, matemático y paleobiólogo de Intellectual Ventures, integró registros de especímenes de distintas edades para trazar una curva de crecimiento. Según el investigador, esta curva ofrece una imagen más realista del crecimiento y las diferencias de tamaño entre individuos. Ese desarrollo prolongado pudo haber permitido que los jóvenes T. rex ocuparan nichos ecológicos antes de convertirse en depredadores dominantes. El estudio también abarcó fósiles del llamado complejo de especies *Tyrannosaurus rex*, una expresión que reconoce la posible existencia de más de una especie o subespecie. Dos ejemplares, ‘Jane’ y ‘Petey’, mostraron patrones distintos frente al resto de la muestra. Aunque los datos no bastan para definir una especie, sí refuerzan el debate sobre *Nanotyrannus*. Otra investigación, a cargo de Lindsay Zanno y James Napoli, identificó a Jane y Petey como especies diferentes dentro de ese género. lr.pe

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