Keir Starmer encontró muy pronto algunos obstáculos para ejecutar sus propuestas de campaña, que atribuyó inicialmente al estado de las finanzas estatales heredadas de administraciones conservadoras anteriores. France 24

El primer ministro británico, Keir Starmer, anunció su dimisión este lunes 22 de junio tras meses de presiones de su Partido Laborista. La renuncia al cargo de líder del Gobierno y del partido abre una lucha interna por la sucesión en un momento de grandes retos para el oficialismo: el estancamiento económico y el ascenso de la extrema derecha antimigración, Reform UK.

Starmer devolvió al poder al Partido Laborista tras 14 años al obtener 411 de los 650 escaños en la Cámara de los Comunes en julio de 2024. Entonces, se comprometió a "acabar con el caos" institucional. Sin embargo, su mandato terminará a mitad de camino tras varios desaciertos, luchas internas en el partido y un error de juicio en un nombramiento polémico.

Durante casi dos años en el cargo, afrontó un estancamiento económico que frustró varias de sus propuestas, fue responsabilizado por el polémico nombramiento del exembajador Peter Mandelson y sufrió una derrota en los comicios locales que derivó en una rebelión interna del Partido Laborista.

Keir Starmer encontró muy pronto algunos obstáculos para ejecutar sus propuestas de campaña, que atribuyó inicialmente al estado de las finanzas estatales heredadas de administraciones conservadoras anteriores. Un mes después de asumir como primer ministro, informó de "un agujero negro económico" que lo llevó a advertir: "Las cosas empeorarán antes de mejorar".

La caída de las previsiones de crecimiento para 2025 y la sensación de estancamiento afectaron la imagen de Starmer, cuya campaña insistió en la idea de que los laboristas reactivarían la economía. En octubre de 2025, la ministra de Finanzas, Rachel Reeves, anunció el aumento de carga fiscal más alto registrado en tiempos de paz, pese a la promesa de Starmer de no ejecutar grandes subidas de impuestos, lo que derivó en una protesta generalizada por parte de los productores. Se trató de una reforma tributaria para aumentar el recaudo 40.000 millones de libras (52.760 millones de dólares) al año, principalmente mediante el aumento de las cotizaciones a la seguridad social de los empleadores.

A continuación, la cronología de un gobierno que no pudo librarse del caos.

El premier laborista se vio forzado a corregir o abandonar varias de las propuestas centrales de su proyecto, como las referidas a bienestar social, recortes, derechos laborales e identidad digital, ante la necesidad de ajustar el gasto público. Durante todo su mandato, el malestar por el costo de vida y la percepción de debilidad en la gestión económica lo acompañaron de forma constante.

Una de las decisiones que más erosionaron su liderazgo fue el nombramiento en 2024 de Peter Mandelson como embajador en Estados Unidos. Starmer lo consideró el más idóneo para defender los intereses del país durante el segundo mandato de Donald Trump, pese a que Mandelson se había autodenominado en 2003 el "mejor amigo" del pederasta confeso Jeffrey Epstein, quien murió en una prisión estadounidense en 2019 mientras esperaba juicio por delitos sexuales.

Ya con Mandelson en el cargo diplomático, en septiembre de 2025 salió a la luz un lote de correos electrónicos que demostraban su estrecha relación con Epstein. Aunque Starmer anunció su despido "con efecto inmediato", las revelaciones posteriores del Departamento de Justicia de EE. UU. evidenciaron que la amistad entre ambos se mantuvo incluso después de la condena de Epstein en 2008 por delitos sexuales contra una menor, lo que provocó una crisis prolongada para el Ejecutivo británico.

Fotografía de archivo del 6 de octubre de 2015 del exministro laborista Peter Mandelson hablando durante la convención del Instituto de Directores en Londres (Reino Unido). La Policía británica detuvo este lunes a Mandelson para ser interrogado bajo sospecha de mala conducta en cargo público, por supuestamente haber facilitado información oficial sensible al fallecido pederasta convicto y multimillonario estadounidense Jeffrey Epstein.

En enero de 2026, otros correos revelaron que Mandelson también transmitió a Epstein información gubernamental sensible —potencialmente influyente en el mercado—, lo que condujo a su arresto e interrogatorio por la Policía bajo sospecha de mala conducta en el ejercicio de sus funciones públicas. La desclasificación total del caso Epstein desencadenó una crisis interna que derivó en la dimisión del jefe de gabinete de Starmer, Morgan McSweeney, y su director de comunicación, Tim Allan, a inicios de febrero de 2026.

El golpe mortal para la Administración Starmer llegó con la aplastante derrota del Partido Laborista en las elecciones locales y regionales de mitad de mandato del pasado 7 de mayo. La pérdida de casi 1.500 concejales encendió las alarmas en el oficialismo ante el temor de que esa tendencia se replique en las elecciones nacionales de 2029, lo que desplazaría al partido del poder.

El primer ministro Keir Starmer reconoció que los resultados electorales eran tan "duros" que "no hay forma de edulcorarlos". Este varapalo en las urnas reforzó la presión interna de los laboristas para una sucesión en el liderazgo. El ministro de Sanidad, Wes Streeting, dimitió a mediados de mayo tras invocar una pérdida de confianza en Starmer, y pidió una contienda por la dirección del partido, en la que se declaró aspirante. Días después, el ministro de Defensa británico, John Healey, también anunció su salida del Gobierno tras una disputa de meses sobre el gasto en defensa, por la que acusó a Starmer de no comprometer los fondos necesarios para proteger al país de las crecientes amenazas.

Mientras el Gobierno de Starmer perdía algunos ministros, el alcalde de Manchester, Andy Burnham, se abrió paso para disputar el liderazgo laborista. El primer respaldo se lo dio el diputado laborista por Makerfield, Josh Simons, quien dimitió para que Burnham pudiera presentarse como candidato al Parlamento. Burnham no solo aspiró, sino que también ganó de forma aplastante a Reform UK en su distrito. El triunfo devolvió la esperanza a los laboristas de contener el impulso del partido antimigración. El regreso de Burnham al parlamento ha allanado el camino para que sea él, considerado de centroizquierda al interior del partido, el relevo de Starmer en Downing Street. Incluso Streeting terminó por adherirse a la aspiración de Burnham, oficializada este lunes tras el anuncio de dimisión de Starmer.

El ascenso del partido de derecha Reform UK, gran vencedor de las elecciones locales, amenaza el liderazgo laborista desde febrero de 2025, cuando la bancada antimigración superó por primera vez a la formación oficialista en una encuesta de opinión nacional. Desde entonces, la agrupación liderada por el defensor del Brexit, Nigel Farage, ha encabezado los sondeos.

Andy Burnham, actual alcalde de Mánchester, dijo este viernes que

Horas antes de que Starmer anunciara el fin de su Gobierno, las protestas sacudieron Londres cuando está próximo a cumplirse una década del Brexit, el referendo del 24 de junio de 2016 en el que el país optó por separarse de la Unión Europea. Las manifestantes señalaron como un error haber dejado la UE e instaron al Gobierno a que se reincorpore a los Veintisiete, lamentando los daños a la economía nacional y la desestabilidad política heredada del Brexit. Los productores británicos se han quejado de los obstáculos para operar en el mercado europeo tras abandonar la UE, donde están sus mayores socios comerciales.

La incapacidad del Gobierno de Starmer para mitigar los efectos no deseados del Brexit alimentó el malestar ciudadano que terminó por costarle la continuidad en el cargo. Aunque el primer ministro no formó parte del grupo que impulsó el divorcio entre Londres y Bruselas, las promesas de los partidarios de la salida —en particular un acuerdo comercial con Estados Unidos— siguen sin materializarse. Las encuestas recientes sobre el referendo de separación reflejan un sentimiento mayoritario a favor de la readhesión a la Unión Europea, un proceso que, pese a la postura conciliadora de Starmer con los socios comunitarios, no muestra señales de acercarse.

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