Mientras la atención del país se concentraba en el conteo de votos que perfila a Keiko Fujimori como ganadora, un hecho judicial positivo pasó casi desapercibido. El Poder Judicial dispuso iniciar un nuevo juicio oral contra el feroz cabecilla terrorista Víctor Polay, alias “Rolando”, por la matanza de ocho personas ocurrida en 1989 en Tarapoto. Se trata del llamado Caso Las Gardenias, que investiga el vil asesinato de ocho homosexuales que fueron a divertirse a una discoteca de la ciudad, de donde fueron secuestrados y eliminados a balazos por la banda armada que lideraba Polay, en lo que consideraron una acción de “limpieza social”.

Junto al cabecilla serán procesados otros miembros de la organización, que causó muertos, heridos y pérdidas millonarias al país. El Ministerio Público ha solicitado cadena perpetua para Polay, quien ya cumplió una condena anterior de 35 años desde su captura en San Borja en 1992, luego de que escapara del penal Miguel Castro Castro en 1990 a través de un túnel. Actualmente, está recluido solo por la prisión preventiva de 18 meses que se le impuso mientras se desarrolla el juicio oral por el Caso Las Gardenias. De no ser por este nuevo proceso, ya estaría en libertad “pegándola de ‘revolucionario’ y promocionando sus crímenes”, según la columna. Este caso representa, para el autor, un motivo para creer que la justicia algunas veces sí funciona.

El año pasado se intentó presentar un libro escrito por Polay en prisión, pero no era más que una apología de la brutalidad y el derramamiento de sangre que provocó su banda armada. Esa organización fue eliminada a balazos el 22 de abril de 1997, durante el brillante rescate de rehenes en la embajada de Japón en Lima, donde murieron en combate los 14 secuestradores y terroristas, aunque con la dolorosa pérdida de un cautivo y dos comandos del Ejército. Si el Poder Judicial actúa con la ley en la mano, Polay debería recibir una condena que le impida ver la luz de la libertad jamás. Es lo mínimo que se pide para el autor intelectual de un crimen tan horrendo contra personas inocentes por el hecho de ser homosexuales. Tristemente, ese era el Perú de fines de los años 80, cuando estaba bajo ataque de dos grupos terroristas que amenazaban con capturar el poder por las armas. De la que se salvó el país.

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