La nueva normativa, que ahora está en manos del Ejecutivo, impone a los empleadores —tanto del sector público como privado— la obligación de proporcionar sillas o asientos con respaldo y condiciones ergonómicas mínimas, con el objetivo de que los trabajadores puedan alternar la postura durante la jornada laboral. Esta disposición va más allá de la simple provisión de mobiliario: introduce un sistema de rotación que permita al personal cambiar entre estar de pie y sentado en momentos determinados del día.
Las empresas deberán modificar su Reglamento Interno de Trabajo para incluir expresamente el derecho al descanso en sillas y la forma en que se garantizará. Además, tendrán que fijar períodos de descanso sentado que sean acordes con la naturaleza de cada labor. En ese proceso, el Comité de Seguridad y Salud en el Trabajo jugará un rol central: será el encargado de regular y desarrollar internamente cómo se organizarán los descansos, cómo se dispondrán las sillas y bajo qué criterios se asegurará el bienestar del trabajador.
Tino Vargas, abogado socio en Compliance Laboral, señaló: “También hay que coordinar con el Comité de Seguridad y Salud de Trabajo a la empresa el diagnóstico ergonómico y las medidas correctivas que sean aplicables a la empresa. Cada empresa es un mundo y tiene una necesidad puntual. No es lo mismo, por ejemplo, mozo de un restaurante que un vigilante o un cajero”.
Con esta regulación, las compañías adquieren obligaciones adicionales respecto de la normativa anterior, que ahora deberán ser incorporadas en el Reglamento Interno de Trabajo y coordinadas con el comité correspondiente para garantizar su cumplimiento efectivo.
La nueva ley, en contraste con la resolución ministerial previa sobre ergonomía —que era muy general, no distinguía actividades ni establecía prioridades o detalles sobre cómo concretar el descanso en sillas—, define con mayor precisión en qué actividades se debe garantizar el derecho a sentarse y cómo cumplir esa obligación. Incluso incorpora requisitos sobre las características de la silla, por citar un ejemplo. “Todos estos detalles no estaban en la resolución ministerial, ahora existen. Acá le están dando un grado de importancia mayor a través de una norma”, indicó Germán Lora, profesor de Derecho de la Universidad del Pacífico.
La normativa también identifica sectores específicos donde debe priorizarse el descanso con sillas. Se precisó, entre otros: comercio minorista, retail, hostelería, gastronomía, turismo, centros de salud en todos sus niveles, servicios financieros y administrativos presenciales, transporte, aeropuertos, y personal administrativo en recepciones y mesas de partes. También se consideró a docentes de nivel inicial y primaria y al personal de vigilancia con puestos fijos. Esto configura un grupo de actividades donde es habitual la atención al público o la permanencia prolongada de pie, donde la ley busca asegurar que existan momentos y espacios para que los trabajadores puedan sentarse y descansar.
No obstante, la ley detalla que no todos los puestos de trabajo están cubiertos por la obligación de proporcionar descanso en sillas, estableciendo un criterio de razonabilidad. Se excluyen aquellos casos en los que la posición de pie es inherente a la actividad, como sucede con operarios en líneas de producción, personal de campo agrícola o técnicos de mantenimiento en plena actividad.
La norma también contempla excepciones: cuando permanecer sentado pueda representar un riesgo para la seguridad de los usuarios. “Por ejemplo, los agentes de seguridad en tareas de control activo o un trabajador en un puesto de seguridad de un banco. Te establece la excepción, algo que tampoco hacía la resolución ministerial,” señaló Germán Lora.
Para sectores como retail, restaurantes o supermercados, la implementación implicará reconfigurar espacios para colocar sillas sin afectar la atención al cliente. Las empresas deberán desarrollar protocolos de rotación y “pausas sentadas”, que se incluirán en el Reglamento Interno de Trabajo. En empresas con menos de 100 trabajadores, que no están obligadas a tener reglamento, se definirán en políticas específicas.
Tino Vargas advirtió sobre los desafíos prácticos: “Se darán diferentes escenarios. Habrá personal que no va a querer usar la silla, aunque esté más de tres horas de pie, existirá otro que no se pone de pie por nada. Cualquiera de estos escenarios tendrá que librar el empleador, supervisar y verificar que la alternancia se aplique. Lo curioso es que la norma también dice que cada, pasadas las tres horas, hay que tomar asiento, pero no dice por cuánto tiempo”.
Impacto económico
La aplicación de la “ley silla” tendrá un impacto económico inicial para las empresas, sobre todo en aquellas sin un sistema implementado. Deberán adquirir sillas adecuadas, que serán herramientas de trabajo con características ergonómicas mínimas, como el respaldo, lo que implica una inversión. Además, la norma define estos descansos como pausas activas, en las que el trabajador deja de prestar servicio para sentarse y relajarse en un área determinada. Según Germán Lora, esto configuraría que el tiempo efectivo de trabajo se reduce, lo que podría traducirse en una menor productividad individual desde la perspectiva del empleador. Tino Vargas señaló que si la fiscalización se limitara a verificar que “haya sillas”, se perderá “el espíritu de la norma”, cuyo objetivo es garantizar una verdadera alternancia ergonómica y una mejor salud ocupacional. Por ello, consideró clave que Sunafil incorpore perfiles profesionales con formación médica o en ergonomía, ya que un inspector que solo sea abogado o contador carecería de las competencias técnicas para evaluar si las medidas adoptadas por la empresa son adecuadas. “Lo que se pide es que haya un inspector que tenga la capacidad profesional para ver si en esa empresa en particular, con las condiciones, la economía y las implementaciones que ha hecho se cumplen o no”, puntualizó. Por su parte, Lora señaló: “Por ello es importante tener un plan de trabajo de las sillas o de implementación de estas para que el impacto no sea tan grande y que pueda ser utilizado de manera eficiente el descanso y las sillas”.
Bachiller en Periodismo por la Universidad Jaime Bausate y Meza, con seis años de experiencia en prensa radial, escrita, digital e instituciones públicas.
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