Este Búho abre sus ojazos y observa con preocupación la actitud del candidato del sombrero, Roberto Sánchez, quien sigue reclamando un supuesto fraude en la segunda vuelta electoral sin presentar una sola prueba que respalde sus acusaciones. Su comportamiento, calificado como el de un mal perdedor, busca agitar a la población para que realicen marchas tanto en Lima como en provincias, acciones que, según el análisis, no conducirán a nada, pues aunque intente presionar a los órganos electorales, es evidente que estos no modificarán los resultados por sus pataletas.

Detrás de estos berrinches, Sánchez persigue otro objetivo: deslegitimar al próximo gobierno echando sombras sobre la victoria de Keiko Fujimori, enlodándola. Sin embargo, ante la contundencia de la realidad, es decir, su derrota, se presume que los reclamos de Sánchez y de algunos de sus socios —cada vez menos visibles— irán quedando en el olvido. Como declaró ayer Rafael Belaunde en entrevista especial con Trome, el triunfo de Keiko se debió a que mejoró su performance en las regiones andinas del sur del Perú, como Puno, Cusco y Ayacucho, además de obtener el respaldo en el extranjero, tal como ocurrió en anteriores elecciones.

Por ello, resulta ridículo que ahora un sector termocéfalo de la izquierda salga con la frasecita ‘me hace ruido’ por el hecho de que los peruanos del exterior le hayan dado la victoria a Fuerza Popular. Como si esos compatriotas que se ‘rompen el lomo’ trabajando en las más diversas ocupaciones tuvieran menos derechos que los habitantes de Huancané, Quispicanchi o Lima. Estos peruanos contribuyen de forma importante al país: solo el año pasado enviaron remesas al Perú por más de cinco mil 300 millones de dólares. Así que no salgan ahora con la cantaleta de que ‘no van a sufrir las consecuencias de su voto porque no están en el país’. Si hubieran votado por su candidato, hoy estarían llamándolos ‘peruanos con memoria’ o ‘compatriotas con dignidad’, y otras muletillas por el estilo.

De cara al 28 de julio, se espera que Keiko Fujimori juramente y asuma la presidencia. Tras tres intentos fallidos por llegar a Palacio de Gobierno, no puede darse el lujo de fallar. Su administración debe evitar el autoritarismo y la corrupción, justo lo que la izquierda ha advertido durante décadas que ocurriría si ella gobernaba. Entre sus principales desafíos está derrotar la inseguridad ciudadana, con especial énfasis en la lucha contra las mafias de extorsionadores que asesinan a diario a choferes de buses y pasajeros.

Otra tarea urgente es la minería ilegal, una actividad brutal y asesina que el año pasado movió unos doce mil millones de dólares en el país, equivalentes a cuarenta mil millones de soles. Con esos recursos, las organizaciones criminales financian campañas de políticos corruptos y han logrado colocar nuevamente a sus representantes en el próximo Congreso. El impulso económico es otro reto clave: el crecimiento anual actual es de apenas tres por ciento con algunas décimas, insuficiente para generar los empleos formales necesarios para reducir la pobreza.

Este columnista cree que sí es posible iniciar un periodo de prosperidad si existe verdadera voluntad política y se convoca a los mejores técnicos. Vale recordar que durante el segundo gobierno de Alan García (2006-2011), la pobreza monetaria en el país cayó de 48.5% a 27.8%, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática. Keiko tiene la oportunidad de gobernar y no puede fallar.

La pelota está ahora en la cancha de Keiko Fujimori, quien deberá hacer frente a un fenómeno de El Niño Global que se suma al El Niño Costero que ya sentimos hace meses, amenazando con ser bastante dañino. En sus manos está no defraudar a sus seguidores y sorprender de forma grata a quienes la rechazan de plano, así como a aquellos que, sin creer en ella, le dieron su voto para atajar a un candidato que amenazaba hundir al país con sus propuestas fracasadas y sus socios violentistas.

Los críticos podrán discrepar sobre las cifras o los criterios de medición, pero lo real es que hubo un importante avance en esa materia durante los años en que se aprovecharon los altos precios de los minerales y se atrajo la inversión privada, factores que resultaron claves. Hoy los precios de los minerales son más altos aún y se puede atraer más inversiones. Keiko no puede perder ni un minuto en la conformación de sus equipos de trabajo, que deben estar integrados por los mejores cuadros y los más honrados. Nada de darle poder a los rateros porque esos son un cáncer.

Apago el televisor.

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