Keir Starmer analiza renunciar como primer ministro tras perder respaldo dentro del Partido Laborista

El primer ministro británico, Keir Starmer, examina presentar su renuncia en los próximos días después de concluir que su permanencia al frente del Ejecutivo se ha vuelto insostenible. Así lo informó The Observer, que señala que el líder laborista mantiene conversaciones con miembros de su entorno político mientras evalúa una salida ordenada del poder tras la pérdida de apoyos dentro de su partido.

La crisis que enfrenta Starmer se ha profundizado por dos factores clave: los malos resultados electorales del laborismo y el avance de Reform UK, que amenaza con alterar el equilibrio político en Reino Unido. La posible dimisión se produce en medio de una creciente crisis política agravada por los malos resultados obtenidos por el Partido Laborista en las elecciones locales celebradas en mayo y por la irrupción de Andy Burnham en el Parlamento británico, un movimiento que abrió la puerta a una disputa por el liderazgo de la formación gobernante.

Justamente, la elección parcial celebrada en la circunscripción de Makerfield permitió a Andy Burnham, exalcalde del Gran Mánchester, regresar a la Cámara de los Comunes. Ese paso era indispensable para desafiar a Starmer y aspirar a convertirse en líder laborista y futuro jefe de Gobierno. Burnham emerge así como el favorito para sucederlo al frente del partido y del Ejecutivo británico.

La presión sobre el primer ministro británico, Keir Starmer, se intensificó luego de que varios integrantes de su gabinete le comunicaran que su etapa política había llegado a su fin. Según The Times, algunos ministros le recomendaron establecer un calendario para facilitar una transición sin sobresaltos dentro del Gobierno. En medio de este clima, el mandatario pasó el fin de semana en la residencia oficial de Chequers consultando con ministros, parlamentarios, líderes sindicales y donantes. Un miembro de la Cámara de los Lores cercano a él aseveró al periódico The Observer que busca “una salida lenta y ordenada, por deber y dignidad”.

El deterioro de la posición de Starmer se explica por varios factores. Desde su llegada al poder en julio de 2024, su popularidad descendió de forma constante en un contexto marcado por el estancamiento económico y el aumento del coste de la vida. A ello se sumó el revés sufrido por los laboristas en las elecciones municipales de mayo, donde perdieron alrededor de 1.500 concejales.

Tras su victoria, Andy Burnham lanzó un mensaje dirigido a su partido: “Esta es la última oportunidad para cambiar”, afirmó. Sostuvo que el país necesita “un nuevo camino” a fin de revertir la tendencia política actual. Sus aliados aseguran que ya cuenta con el respaldo de más de 200 diputados, una cifra que supera ampliamente los 81 apoyos necesarios para activar una contienda interna.

El avance de Reform UK, la formación antiinmigración liderada por Nigel Farage, se ha consolidado como la más respaldada en los comicios locales y encabeza varias encuestas nacionales de intención de voto, lo que encendió las alarmas en el oficialismo. En medio de las especulaciones sobre su futuro, el ministro de Comercio, Peter Kyle, confirmó que Starmer medita acerca de la situación que enfrenta. “Está intentando crear un espacio donde pueda pensar y reflexionar sobre la realidad y los desafíos políticos”, declaró a Sky News, aunque evitó descartar los rumores de una salida inminente. La crisis interna también recibió atención internacional: Donald Trump afirmó en su plataforma Truth Social que Starmer dejará el cargo porque “fracasó estrepitosamente” en asuntos como inmigración y energía, y aprovechó para reclamar una mayor explotación petrolera en el mar del Norte. Mientras continúan las conversaciones dentro del laborismo, la incertidumbre domina el escenario político británico. Starmer reiteró recientemente que competiría en cualquier elección interna con el objetivo de conservar el liderazgo, aunque las crecientes muestras de respaldo a Burnham han alimentado las dudas sobre su capacidad para mantenerse al frente del Ejecutivo.

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