Hoy, 21 de junio, Día del Padre en Perú, la historia de Nelson de la Cruz encarna el sacrificio y el amor incondicional. Este hombre dejó su vida en Chiclayo para acompañar a su hijo Erick, de siete años, en su tratamiento contra el cáncer en Lima. El pequeño fue diagnosticado con un tumor cerebral y recibe atención especializada en el Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas (INEN), donde su padre se ha convertido en su soporte incondicional durante cada consulta, terapia y procedimiento médico.
La realidad de esta familia refleja el complejo impacto del cáncer infantil en los hogares peruanos y el enorme desafío que implica el traslado desde regiones como Lambayeque hacia la capital en busca de esperanza. En una fecha tan significativa, resulta necesario destacar aquellas historias de lucha, a veces poco conocidas, donde los padres asumen sacrificios profundos movidos por el amor incondicional a sus hijos ante situaciones de adversidad.
El Día del Padre celebra a miles de hombres que ejercen una paternidad marcada por el compromiso, el cuidado y el acompañamiento constante. Un ejemplo de esta entrega es Nelson de la Cruz, quien enfrenta la adversidad diaria en el INEN durante el proceso oncológico de Erick, resaltando el amor incondicional de un padre que lo dejó todo por su hijo.
El sacrificio de un padre que dejó su vida en Chiclayo para acompañar a su hijo en Lima
Desde que Erick fue diagnosticado con un tumor cerebral, la vida de Nelson de la Cruz dio un giro total. Dejó su trabajo, su hogar y a su otro hijo en Chiclayo para mudarse a Lima y acompañar al menor en su tratamiento oncológico en el INEN. Su rutina diaria ahora gira en torno a las distintas etapas de atención médica que el niño enfrenta en el instituto.
Nelson reconoce que el camino ha estado lleno de incertidumbre y una fuerte exigencia emocional, sobre todo al presenciar cómo su hijo se somete a procedimientos complejos. No obstante, destaca que la atención especializada que reciben en el INEN ha sido clave para avanzar en el tratamiento y mantener viva la esperanza de una recuperación. “El amor de padre lo puede todo. Por amor a un hijo uno puede hacer hasta lo imposible. Ver que mi hijo está bien, que respondió al tratamiento y que todo ha salido bien es lo que me da fuerzas para seguir adelante”, señaló.
Nelson de la Cruz viaja de forma constante a la capital para estar junto a su hijo de siete años apoyándolo en su tratamiento oncológico. El Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas (INEN) brinda una atención integral que incluye especialistas en oncología pediátrica, personal de enfermería y equipos técnicos que acompañan cada etapa del tratamiento. Como parte de este soporte, Nelson recibió asistencia social que facilitó su acceso a un albergue de la Fundación Peruana de Cáncer, donde pudo mantenerse cerca de su hijo mientras participaba en actividades que le permitieron sostener su estadía en Lima. Este enfoque busca asegurar continuidad en la atención médica de los pacientes y apoyo a sus familias durante su permanencia en la capital. Hoy, la familia continúa enfocada en la recuperación del menor y en su eventual regreso a Chiclayo.
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