Don Julio, un chofer de 62 años que vive en Lima Norte, trabajó toda su vida priorizando a su familia y su empleo por encima de su salud. Durante meses notó señales de alerta: llenura rápida al comer, malestar estomacal y pérdida de peso progresiva. Atribuyó los síntomas a gastritis o estrés y evitó hacerse un chequeo. Cuando el cuadro se agravó con debilidad constante y heces oscuras, acudió al médico. El diagnóstico fue cáncer gástrico en etapa avanzada. Su historia, lejos de ser un caso aislado, refleja un patrón recurrente en el país.

Según estimaciones internacionales de GLOBOCAN 2022, en el Perú se registran más de 72.000 nuevos casos de cáncer al año. En varones, los tipos más frecuentes son el cáncer de próstata, seguido del gástrico y el colorrectal. Sin embargo, la mayoría de estos diagnósticos llegan tarde, como advierten especialistas en el marco del Día del Padre. El problema combina falta de acceso a servicios médicos, una cultura de postergación y escasa prevención.

El cirujano oncólogo Gerardo Campos Siccha señala que el asunto no es solo médico, sino estructural. “Hay dos factores clave: el acceso y la cultura de prevención. En muchas regiones no hay centros endoscópicos ni oncólogos, y eso retrasa el diagnóstico”, explica. La falta de infraestructura y especialistas en zonas alejadas del país impide que los hombres acudan a tiempo, mientras que la postergación de los síntomas agrava el pronóstico. La urgencia, coinciden los expertos, está en promover la detección temprana para cambiar esta realidad.

Don Julio, un chofer de 62 años en Lima, ignoró síntomas de cáncer gástrico que avanzaron hasta llegar a un diagnóstico tardío, reflejando un problema común en Perú.

Sin cultura de prevención en el país

Don Julio encaja en el segundo gran problema: la falta de cultura preventiva. Como él, miles de hombres ignoran síntomas iniciales porque no los consideran graves o los atribuyen a problemas comunes. En el cáncer gástrico —como el suyo— las señales pueden ser sutiles: llenura precoz, pérdida de peso inexplicada o malestar persistente. En el cáncer colorrectal, los cambios en el ritmo evacuatorio suelen confundirse con hemorroides. En próstata, muchas veces no hay síntomas en etapas tempranas. “Ese es el gran problema: cuando aparecen los síntomas claros, muchas veces el cáncer ya está avanzado”, explica Campos Siccha. El oncólogo advierte que cerca del 75% de los casos en el país se detectan en etapas avanzadas, lo que reduce significativamente las posibilidades de curación. “En estadios tempranos, el cáncer puede tratarse e incluso curarse en casi el 100% de los casos”, señala.

Tres cánceres, tres niveles de riesgo

El especialista detalla que el cáncer de próstata es el más frecuente, pero no el más agresivo. “El de próstata es el más frecuente, pero el menos letal. El de estómago es el más mortal. El de colon es intermedio”, precisa. El riesgo aumenta con factores como dieta inadecuada, consumo de alimentos procesados, estreñimiento crónico e infección por Helicobacter pylori. En el caso de Don Julio, varios de estos factores estuvieron presentes durante años sin control médico.

Cuando el diagnóstico llega tarde

En zonas de la sierra y selva, la falta de especialistas y equipos obliga a los pacientes a migrar hacia Lima, lo que genera diagnósticos tardíos. “Todo está centralizado. Eso es un error de política pública”, advierte.

En el Día del Padre, el mensaje de los especialistas es claro: "prevenir no es un lujo, es la diferencia entre detectar a tiempo o llegar demasiado tarde". La historia de Don Julio resume una realidad silenciosa en el Perú: padres que llegan tarde al diagnóstico porque aprendieron a postergar su propia salud. "Primero es la familia y el trabajo, pero los chequeos preventivos permiten vivir más tiempo y con salud para compartir con ella", recuerda el especialista.

Pero en escenarios avanzados, como el de Don Julio, el tratamiento se vuelve más complejo, prolongado y con menor probabilidad de éxito. Él nunca llegó a hacerse los chequeos que pudieron cambiar su historia. Los especialistas recomiendan iniciar controles preventivos desde los 45 años para cáncer de próstata y desde los 50 años para cáncer gástrico y colorrectal, o antes si hay antecedentes familiares. En próstata se incluye el examen de PSA y la evaluación urológica. En colon y estómago, colonoscopías y endoscopías periódicas.

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