La segunda vuelta presidencial en Colombia se realiza este domingo 21 de junio en un clima de fuerte tensión política e influencia internacional. El ultraderechista Abelardo de la Espriella, del movimiento Defensores de la Patria, y el izquierdista Iván Cepeda, del Pacto Histórico, se disputan la sucesión de Gustavo Petro en unos comicios que reflejan un país dividido y un Congreso sin mayorías claras.

De la Espriella lideró la primera vuelta con 10,3 millones de votos (43,78%), mientras que Cepeda obtuvo 9,7 millones (40,98%). La diferencia de menos de tres puntos intensificó la disputa por el respaldo de los votantes que apoyaron a otros aspirantes o se abstuvieron en la primera ronda. El candidato de derecha cuenta con el respaldo del expresidente estadounidense Donald Trump, lo que agrega una dimensión internacional a la contienda.

Las dos campañas presentan visiones radicalmente distintas para el país. De la Espriella propone mano dura contra los grupos armados y una drástica reducción del Estado, mientras que Cepeda defiende la continuidad de los programas sociales impulsados por el actual mandatario. "Me da la impresión de que estamos en una situación única. Las elecciones anteriores ya habían sido bastante pugnaces, complicadas, pero estas son extraordinariamente difíciles", señaló el académico Moisés Wassermann, exrector de la Universidad Nacional, a la agencia EFE.

Colombia define este domingo su nuevo presidente en la segunda vuelta entre Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda lr.pe

Seguridad y paz total, el principal choque electoral

En medio de la peor ola de violencia en una década —que incluye el asesinato de un candidato presidencial y ataques con explosivos en varias regiones—, el ultraderechista De la Espriella aprovecha el descontento con la política de "paz total" de Petro. Su propuesta estrella es poner fin a las conversaciones con la consigna "la paz no se negocia, se impone" y eliminar el tribunal especial surgido del acuerdo con las FARC, que permite penas alternativas a quienes reparen a las víctimas. Juan Rodríguez, estudiante de derecho de 22 años, respalda al candidato ultraderechista: "Un presidente tiene que defender a su población", dijo a la AFP, seducido por la promesa de "seguridad seria" y la negativa a "negociar con bandidos".

Frente a esa postura, Cepeda, uno de los arquitectos de la política de diálogo, se mostró dispuesto a revisarla en una entrevista con la AFP. Su fórmula vicepresidencial, la senadora indígena Aída Quilcué, tuvo, sin embargo, poca visibilidad durante la campaña. Ambos modelos chocan también en el manejo de los recursos: el fracking o la transición energética marcan el pulso electoral.

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Fracking o transición energética: el pulso por los recursos

El déficit fiscal de Colombia escaló al 7% del PIB, el segundo más alto de la región después de Brasil, lo que obliga al futuro mandatario a decidir cómo financiar al Estado en medio de la caída de los ingresos petroleros. De la Espriella, admirador del presidente argentino Javier Milei, promete reducir el tamaño del Estado en un 40% y aplicar austeridad, además de reactivar la exploración de hidrocarburos y aplicar fracking sin restricciones para cerrar el hueco fiscal. Cepeda, en cambio, defiende la transición energética como una "necesidad inaplazable" frente al cambio climático, línea que Petro impulsó al suspender nuevas exploraciones, y propone profundizar el gasto social que llevó la pobreza a mínimos históricos, un 28% el año pasado según cifras oficiales. Para la química Gabriela Zambrano, de 22 años, esta disyuntiva es una línea roja: "Mi prioridad es el medio ambiente. Yo no apoyaría el fracking". En contraste, el profesor de finanzas Iván Rico, de la Universidad del Rosario, advirtió que la política antiextractivista de Petro ya impacta en los fondos públicos y en la independencia energética del país. El director del Observatorio Fiscal de la Universidad Javeriana, Oliver Pardo, fue claro sobre el plan del ultraderechista: quien "prometa disminuir el gasto se va a encontrar con una realidad muy difícil". Seguidores de Cepeda ya anunciaron protestas si se restringe la educación gratuita o se frena el ritmo de aumentos del salario mínimo, que el año pasado subió un 23%.

El presidente estadounidense Donald Trump rompió su silencio sobre la contienda tras la primera vuelta y prometió el "apoyo y la fuerza total" de Estados Unidos si gana De la Espriella. Ante ello, Petro respondió pidiéndole "no intervenir" en una decisión que corresponde "al pueblo de Colombia". Un grupo de congresistas demócratas también rechazó el intento de incidir en los resultados electorales del país.

De acuerdo con analistas, el propio Petro no reconoció el conteo de la primera vuelta, lo que perjudicó la candidatura de Cepeda. Las críticas por su intervención en la campaña derivaron en un fallido intento de la presidenta de la Comisión de Investigación y Acusación de la Cámara, Gloria Arizabaleta, de suspenderlo provisionalmente. Wassermann resumió el desafío que enfrentará el ganador: "Gane quien gane, va a tener una situación sumamente difícil y, además, creo que va a tener una oposición férrea y, según pinta todo, tremendamente destructiva".

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