Cuando Saúl Ernesto Cayllahua Quispe fue sepultado, la escena parecía calcada de una historia ya conocida en Lima Este: un empresario del entretenimiento nocturno, dueño de varias discotecas en San Juan de Lurigancho, asesinado a balazos junto a dos de sus trabajadores de confianza frente a uno de sus locales en Zárate. Sicarios en motocicleta y un distrito donde las extorsiones son moneda corriente entre comerciantes y emprendedores completaban el cuadro.
Por eso, cuando las autoridades iniciaron las pesquisas, la hipótesis principal apuntó a un ajuste de cuentas o una represalia criminal. Nadie imaginaba entonces que los detectives terminarían enfocándose en el círculo más íntimo de la víctima.
Mientras familiares y amigos intentaban comprender lo sucedido, la pareja del empresario, Cynthia Bianca Gutiérrez Ortiz, aparecía públicamente lamentando la tragedia. Aseguraba que Saúl era un hombre trabajador y que desconocía quién podía estar detrás de su muerte. Sin embargo, la investigación pronto revelaría que ella y su amante, Piere Anghelo Sosa Sarmiento, habían contratado a un sicario para matarlo.
Saúl Cayllahua había construido durante años un pequeño imperio de negocios nocturnos en San Juan de Lurigancho, entre ellos discobares conocidos en la zona que sostenían a toda su familia. En ese entorno apareció Sosa Sarmiento, quien, según las investigaciones, comenzó trabajando en seguridad y fue ganando espacios de confianza dentro de los locales.
Con el tiempo, la presencia de Sosa dejó de limitarse a tareas operativas y empezó a involucrarse en la administración de los negocios. Paralelamente, según la Policía, entre él y Cynthia Gutiérrez habría surgido una relación sentimental que se mantenía oculta del empresario. Ese vínculo se convirtió en una pieza central del caso cuando los detectives reconstruyeron los meses previos al crimen.
Para los investigadores, detrás de las aparentes rutinas laborales se desarrollaba una historia marcada por conflictos personales, intereses económicos y decisiones que serían analizadas por la División de Homicidios. Las pesquisas sostienen que ambos habrían aprovechado el distanciamiento sentimental entre Cayllahua y Gutiérrez para acercarse al control de los negocios. El general PNP Víctor Revoredo, jefe de la Dirincri, señaló que detrás de la aparente normalidad se desarrollaba una relación que terminó siendo una de las principales líneas de investigación.
“A espaldas de Saúl se cocinaba un amorío clandestino. Ánghelo apareció, ganó la confianza, inclinó la balanza con la atención de la dama y empezó a recibir quejas, que era víctima de maltrato psicológico, y él ofrece algunos servicios de carácter criminal”, indicó el alto oficial.
EL CRIMEN
La madrugada del 28 de agosto de 2025, Saúl Cayllahua se encontraba junto a dos de sus colaboradores, Braulio Asencios Collao y Percy Rodríguez Huamán, cerca del discobar ‘Gato Negro’, en Zárate.El triple asesinato, que acabó con la vida del empresario y sus dos trabajadores, provocó conmoción entre vecinos, comerciantes y personas vinculadas al negocio nocturno del distrito. Los tres habían concluido sus actividades cuando fueron atacados por sujetos armados que llegaron en una motocicleta.
En los primeros días, la investigación avanzó siguiendo la ruta de una posible extorsión, pero las respuestas no parecían encajar completamente con esa teoría. Poco a poco comenzaron a aparecer testimonios, elementos de investigación y nuevas líneas de análisis que llevaron a los detectives hacia personas que conocían de cerca a la víctima. La hipótesis policial terminó sosteniendo que el ataque no habría sido producto de una amenaza externa, sino de una presunta conspiración gestada desde el propio entorno del empresario.
Con el avance de las pesquisas, la Policía identificó a Cynthia Gutiérrez como la presunta autora intelectual del crimen y a Piere Sosa como uno de los involucrados en la supuesta planificación. La historia sumó un tercer nombre: Ronaldo Córdova Gómez, señalado por la Policía como el presunto sicario contratado para ejecutar el ataque. Según la tesis de los investigadores, Gutiérrez y Sosa habrían buscado quedarse con el control de los negocios que Cayllahua construyó durante años. De acuerdo con la investigación, Sosa y Córdova mantenían una relación de amistad previa, circunstancia que habría facilitado el contacto entre ambos.
Las capturas realizadas por la División de Homicidios marcaron uno de los momentos más importantes del caso. Lo que comenzó como una pesquisa por un supuesto ajuste de cuentas había terminado revelando una trama completamente distinta.
Mientras las investigaciones continúan, la mujer deberá responder ante los peritos de criminalística. El coronel PNP Carlos Morales, jefe de la División de Investigación de Homicidios, señaló que uno de los puntos centrales es determinar con precisión el móvil del asesinato. “¿Quién se beneficia con la muerte de esta persona? Es la respuesta que estamos buscando para determinar el móvil”, indicó. En paralelo, el Poder Judicial dictó 15 meses de prisión preventiva contra Cynthia Gutiérrez y Ronaldo Córdova por el presunto delito de sicariato en agravio de las tres víctimas. En el caso de Pierre Sosa, se dispuso comparecencia con restricciones e impedimento de salida del país. Para los familiares de Saúl Cayllahua, el golpe fue doble. Primero tuvieron que afrontar la pérdida del empresario y de dos trabajadores que formaban parte de su entorno más cercano. Después, escuchar que las sospechas apuntaban hacia personas que compartieron espacios de confianza con él durante años.
Hoy, mientras las diligencias avanzan y el proceso judicial sigue su curso, el caso permanece como uno de los episodios criminales más comentados de San Juan de Lurigancho. No solo por la violencia del ataque, sino por la historia que la Policía afirma haber descubierto detrás de él: la de una presunta traición que, según la hipótesis fiscal, se habría cocinado mucho antes de que los disparos acabaran con la vida del llamado ‘Rey de las discotecas’.
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