El próximo gobierno recibirá un país con desafíos conocidos que se han agravado tras cinco años de inacción, antes incluso de que se anuncien grandes proyectos o se desaten disputas políticas. La informalidad laboral supera el 70%, la inseguridad ciudadana encabeza las preocupaciones, persisten brechas en agua, saneamiento, educación y salud, y la minería ilegal avanza sin control.

Pese a este panorama, la economía peruana crece alrededor del 3%, un ritmo que, según se advierte, responde “en buena medida, a inversiones realizadas años atrás, condiciones internacionales favorables y el dinamismo del sector privado”. El país tiene potencial para superar el 5% de crecimiento, generar más empleo formal y reducir la pobreza con mayor celeridad, pero para ello debe desbloquear grandes proyectos mineros entrampados y acelerar obras estratégicas de irrigación y logística para el comercio exterior.

Además, urge revisar un proceso de descentralización que, en lugar de acercar servicios de calidad a la población, ha evidenciado serias deficiencias de gestión. Los primeros 100 días del nuevo gobierno serán determinantes para definir prioridades, recuperar la confianza y demostrar voluntad de enfrentar problemas que el Perú arrastra desde hace demasiado tiempo. “Administrar la coyuntura ya no será suficiente. Lo que el país necesita es comenzar, por fin, a resolver sus problemas estructurales”, se concluye.

Leer artículo completo en diariocorreo.pe →