El anuncio de la peregrinación de León XIV al Perú tiene un significado especial. Aunque nació en Estados Unidos, el pontífice es peruano por elección y de corazón, y ha pasado más de la mitad de su vida entre Piura, Lambayeque, La Libertad, Lima y Callao, cumpliendo labores de misionero y de asistencia a los más necesitados. Su llegada, prevista para noviembre próximo, se produce en un momento clave: a los pocos meses de la instalación del nuevo gobierno, tras un proceso electoral que ha dejado al país prácticamente partido en dos, y a pocas semanas de comenzar a sentir los efectos que traería el inminente fenómeno El Niño.
La visita de un papa al Perú siempre ha sido motivo de alegría, expectativa y regocijo, como ocurrió en 1985 y 1988 con Juan Pablo II, y en 2018 con Francisco. Sin embargo, en esta ocasión el contexto es más complejo. Lamentablemente, por el momento Juntos por el Perú y gran parte de la izquierda se niegan a aceptar su derrota y llaman a movilizaciones absurdas que no hacen más que generar frustración en quienes se dejan engañar con el cuento de un “fraude” que no tiene la menor evidencia. Eso solo genera más división en un país que necesita sumar esfuerzos para hacer frente a graves problemas como la inseguridad, las brechas sociales y, sin duda, los que nos traiga el temido Niño.
Hace falta la unión y el compromiso para sanar las heridas de estos comicios encarnizados, y la llegada de León XIV podría ser una oportunidad para ello.
El papa León XIV llegará en un momento crucial a Piura y Lambayeque, dos regiones del norte peruano que han sido golpeadas tanto por la inclemencia de la naturaleza como por el abandono de autoridades nacionales y, sobre todo, locales. Estas autoridades, según se señala, "jamás han hecho un trabajo serio para impedir que los ciudadanos terminen dentro de sus casas con el agua hasta la cintura y sus tierras inundadas". Se espera que, a su paso, el pontífice pueda encontrar ciudades preparadas para evitar esas escenas que, lamentablemente, ya son conocidas por todos.
La visita del papa, que tiene DNI y corazón peruano, servirá para apaciguar los ánimos fraccionados por un proceso electoral muy peculiar y para traer esperanza a los compatriotas del norte ante lo que podrían padecer en las próximas semanas. El momento de su arribo no ha podido ser mejor. Por ello, tanto católicos como no católicos debemos recibir con los brazos abiertos al pontífice, que no hará otra cosa que volver a casa por unos días.
Comentarios 0
Súmate a la conversación
Tu comentario es anónimo, pero para evitar bots necesitamos que te registres. Es gratis y toma 30 segundos.
Crear cuenta para comentar Ya tengo cuenta