Curiosa, inquieta y observadora. Así se define la actriz y clown Wendy Ramos, quien abre las puertas de su mundo para hablar de amor, felicidad, recuerdos y el poder del humor para sanar. Con su característica mezcla de ternura, honestidad y chispa, responde sin filtros sobre lo que la mueve.
“Que pasé por aquí haciendo preguntas y alborotando un poco la rutina”, dice cuando le preguntan qué le gustaría que la gente dijera de ella cuando ya no esté. Su concepto de éxito es simple: “Que me guste mucho la vida que estoy viviendo”. Y la ilusión, asegura, la encuentra en todo lo nuevo: su nuevo libro, el taller que sueña, sus conferencias en el Gran Teatro Nacional, la película que va a rodar y su próximo viaje.
Al mirar atrás, lo que más la enorgullece es “todo lo que hicimos en Bolaroja”. Si no fuera artista, comunicadora, conferencista o clown, le hubiera gustado ser psicóloga, diseñadora gráfica, directora de arte, fotógrafa, maestra de secundaria, diseñadora de modas, profesora de creatividad o dueña de un hotelito en una playa tranquila.
Reconoce que su defecto más difícil de cambiar es el desorden con los objetos: “Trato y trato, pero me cuesta mucho ser ordenada”. Sobre el miedo, confiesa que todo lo nuevo la asusta, pero su entusiasmo siempre le gana al temor.
En varias entrevistas, Wendy Ramos ha señalado que, exceptuando su primer matrimonio, mantiene una buena relación con sus exparejas. Al preguntarle cuál es el secreto, responde: “Creo que quererlos lo suficiente como para desear que sean felices siempre, conmigo o sin mí”. Consultada sobre la mayor locura de amor que ha cometido, la respuesta es contundente: “¿La mayor locura? Casarme”. Y si pudiera darle un consejo sentimental a la Wendy de 20 años, diría: “Confía más en tu intuición”.
En el terreno del arte, Ramos reflexiona sobre el clown y destaca que “respira con el público. Crea un contacto directo, auténtico y vulnerable”. Sobre la muerte y el dolor humano, aprendió que “mientras más conscientes estamos de que no vamos a estar aquí para siempre, mejor vivimos”. Al recordar su experiencia en Bolaroja, aclara: “El objetivo nunca fue entrar a hacer reír. Entrábamos a conectar. Ahí nos transformamos todos”.
Cuando se le pregunta si es más difícil hacer llorar o hacer reír, responde que ambas lo son “porque ninguna se puede forzar”. El humor, asegura, la ha salvado “incontables veces. El humor abre puertas, ayuda a sanar heridas, acerca a la gente”. Sin embargo, reconoce que existe algo con lo que jamás bromearía: “Con lo que aún duele”.
El amor es… Un lugar donde los dos crecen.
¿Cuál es tu versión favorita de ti misma: trabajando, viajando, sola en casa o con amigos?
En la sección de preguntas rápidas, Wendy Ramos confiesa que su placer culposo es contradictorio: “Que la cantidad de alegría que siento cuando se cancela un plan es la misma que sentí cuando lo acepté”. Para recargar energías cuando se siente agotada, elige “pijamear en casa”, y un domingo perfecto también se resume en “pijama y casita”. La felicidad inmediata la encuentra en algo tan simple como “el olor del jabón con el que me baño”, y el lugar donde desaparecen sus preocupaciones es “en el sofá de mi sala”.
Consultada sobre lo que la saca de quicio, menciona “la falta de empatía, la falta de respeto, la gente que maltrata a otros porque se siente superior”. Sobre las injusticias, afirma: “Todas me indignan, pero el maltrato animal me afecta muchísimo”. También revela que antes se enojaba por equivocarse, pero hoy “me da igual”. A quienes viven peleando con todo el mundo, les dice: “La gente que vive peleando con todo el mundo no suele escuchar consejos”.
El mejor cumplido que ha recibido fue: “Tú no lo sabes, pero eres la mejor amiga de muchos de nosotros”. Eso, confiesa, casi la hace llorar. El momento que guardaría en una cajita para revivirlo es “cualquiera de los domingos en que mi papá me llevaba a visitar a mi mamá”. Y la persona que más le ha enseñado sobre la felicidad es su hermana Sonia.
En el apartado “Pájaros en la cabeza”, cuenta que lo que sigue emocionándola como cuando era niña es “ir a la playa. Me siento una niña cada vez que voy”.
Consultada sobre uno de los días más felices de su vida, Wendy Ramos recordó la función gratuita de Cuerda en el Gran Teatro Nacional. “Entré a escena con las piernas temblando y sentí un amor inmenso del público. Fue un sueño que ni había soñado”, confesó. Al preguntarle qué color la define, eligió el rojo: “Por el clown, por la pasión, por la fuerza”. Si pudiera retroceder el tiempo, abrazaría a su papá: “Le contaría todo lo que he logrado gracias a sus enseñanzas”.
La actriz también presentó su espectáculo Pájaros en la cabeza, que define como “una conferencia para personas curiosas”. La obra habla de creatividad y, sobre todo, “de cómo mirar la vida con otros ojos”. Wendy aseguró que el público saldrá “con muchas ideas y con unas cuantas puertas nuevas abiertas”. La función se realizará el 27 y 28 de junio en el Gran Teatro Nacional, con entradas disponibles en Joinnus.
Comentarios 4
Súmate a la conversación
Tu comentario es anónimo, pero para evitar bots necesitamos que te registres. Es gratis y toma 30 segundos.
Crear cuenta para comentar Ya tengo cuenta