De Uzbekistán, que debuta en la Copa Mundial de Fútbol, pocos conocen su riqueza natural, histórica y cultural. Este país de Asia Central, sin salida al mar, es uno de los dos únicos en el mundo doblemente sin litoral: para alcanzar la costa hay que cruzar al menos dos naciones vecinas.

Su territorio, de más de 448 mil kilómetros cuadrados, lo convierte en uno de los más grandes de la región. Aunque dos tercios están cubiertos por desiertos y estepas áridas, también hay áreas fértiles, ríos torrentosos y picos montañosos nevados. La población supera los 36 millones de habitantes, concentrados mayoritariamente en el este, donde la tierra es más productiva.

Limita al norte y noreste con Kazajistán, al suroeste con Turkmenistán, al sur con Afganistán, al sureste con Tayikistán y al noreste con Kirguistán. Su capital, Taskent, es una metrópoli de más de tres millones de habitantes y un cruce de épocas. Allí se encuentra el Hazrati Imam, el complejo religioso más importante y monumental, que resguarda uno de los coranes más antiguos del mundo, escrito en el siglo VII.

Mundo Escolar: Claves de redacción sobre la Copa Mundial 2026 El Parque Universitario fue antes una huerta Mezquita de Kalyan, en Bujar La Ruta de la Seda, una antigua red de caravanas que conectaba China con Asia Central, el Medio Oriente y Europa, convirtió a Uzbekistán en un punto clave de intercambio comercial y cultural. Por este camino surgieron ciudades islámicas que hoy destacan por su riqueza arquitectónica y su legado histórico. Samarcanda, por ejemplo, alberga finos ejemplos de arquitectura islámica; Bujará es un importante lugar de peregrinaje para los musulmanes; y Taskent, la capital, es conocida como la ‘ciudad de las fuentes’. Estas urbes, junto con su herencia cultural y arquitectónica islámica, hacen de Uzbekistán un destino que evoca su pasado en la Ruta de la Seda, un país que ahora debuta en el Mundial 2026 y que atrae miradas por su historia milenaria.

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