Para los bibliómanos, ordenar una biblioteca puede ser un auténtico placer, y hace unos días esa necesidad llevó al autor a buscar una edición especial de Shakespeare: la de Aguilar de 1929, con traducción del erudito Luis Astrana Marín, la primera vez que se tradujo el teatro completo del dramaturgo al castellano. En ese proceso de búsqueda, que culminó con el hallazgo del libro tras varios días, aparecieron títulos muy queridos. Entre ellos, El caso Banchero (Seix Barral, 1973), de Guillermo Thorndike (1940-2009).
El 1 de enero de 1972, el asesinato del empresario Luis Banchero Rossi paralizó al Perú. Un año después, Thorndike publicó esta obra, considerada un clásico de la no ficción peruana y latinoamericana. Al reencontrarse con el libro, el autor no solo lo releyó, sino que lo revaloró: pese a que la tradición peruana en literatura de no ficción no es muy rica en cantidad, existen títulos fundamentales que deberían ser lectura obligatoria para los estudiantes de comunicación del país.
De hecho, el autor sostiene que El caso Banchero es superior, "agárrense", al clásico A sangre fría, de Truman Capote. Una impresión que también tuvo el escritor Alfredo Bryce. Perú, concluye, es un país inagotable para la no ficción.
La polifonía discursiva es la herramienta que Guillermo Thorndike emplea para presentar al Hombre, antes de adoptar un punto de vista personal al retratar los obstáculos que la investigación encontró tanto en el Poder Judicial como en la policía. Para ello, el periodista se apoyó en el juez instructor José Santos Chichizola, a quien conocía desde la adolescencia. En el relato, Santos Chizola es descrito como un hombre honesto y convencido de los principios de la justicia. Las preguntas que atraviesan la narración son: ¿por qué nadie quiere saber la verdad?, ¿cuánto dinero está corriendo en esta cadena de mentiras? y, sobre todo, ¿a quién se está protegiendo?
El primero de enero de 1972, el asesinato del empresario pesquero Luis Banchero Rossi conmocionó al país. Todos los medios de la época pusieron atención a un hecho que, hasta hoy, no está del todo claro y sigue encendiendo no pocas narrativas especulativas. Una de las preguntas centrales del relato tiene que ver con cómo fue posible que un hombre delgado y bajo en estatura haya podido doblegar y asesinar al empresario, que era alto y de contextura atlética, en su residencia de Chaclacayo. Thorndike se luce en la dimensión reporteril, aspecto que vendría a ser una perdurable clase maestra para nuevos y experimentados en el periodismo.
Como historia, este caso lo tiene todo: interés económico, conflictos políticos, contexto de época convulsionada, sexo, venganza e incluso nazis. A saber, Friedrich Schwend, el estafador nazi que fue parte de la Operación Bernhard (cuyo objetivo era desestabilizar la economía de Inglaterra con billetes falsos) durante la Segunda Guerra Mundial, era su vecino. Además, Schwend, personaje de la sociedad limeña de la época, era amigo del criminal Klaus Barbie, “el carnicero de Lyon”, quien pasó algunas temporadas en Perú bajo el nombre de Klaus Altmann.
En un contexto donde la no ficción brilla por su buena escritura pero carece de riesgo —aplastado por el lobismo y otras prácticas que confunden a los nuevos valores—, Thorndike eligió dirigirse hacia su historia sin titubeos. Por eso es necesario regresar a El caso Banchero. Cada nueva lectura de la obra revela capas distintas: primero seduce con su argumento (Banchero era presidenciable) y aterra con la descripción de la corrupción política, judicial y empresarial. Luego, con más experiencia de vida, hechiza la técnica literaria que Thorndike emplea, heredera de los recursos narrativos. Y, en tercer lugar, una impresión reciente: el ánimo que se debe mantener ante un contexto desalentador. El libro está disponible en librerías comerciales y de viejo, en varias ediciones, así como en plataformas digitales.
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