El miércoles, el presidente estadounidense, Donald Trump, y su homólogo iraní, Masud Pezeshkian, firmaron un pacto que activa la fase inicial de un acuerdo para poner fin al conflicto. Como parte de este entendimiento, se levantó el bloqueo naval en el estrecho de Ormuz, se reabrió el tránsito marítimo y se dio inicio a un periodo de negociaciones de 60 días. A pesar de las críticas que recibió el pacto por supuestamente favorecer los intereses de la república islámica, Trump desestimó los cuestionamientos y señaló: "Estos tontos, que piensan que no he sido lo suficientemente duro".
El vicepresidente estadounidense, JD Vance, confirmó que las fuerzas del país permitieron que "más de 12 barcos cruzaran nuestro bloqueo naval", en el marco de la flexibilización de la medida impuesta durante la guerra. Según dijo, 12,5 millones de barriles de petróleo cruzaron el estrecho durante la noche. Además, el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) indicó que los buques de guerra "permanecerán en la zona general para asegurarse de que se cumplan todos los aspectos del acuerdo", mientras se restablece progresivamente la seguridad marítima.
Las negociaciones técnicas en Suiza abordarán temas críticos como el programa nuclear de Irán y el levantamiento gradual de sanciones, a pesar de la inestabilidad regional persistente. Las conversaciones también incluirán la administración del estrecho de Ormuz y la seguridad marítima, con la cooperación de países como Pakistán y Catar.
Trump calificó el acuerdo como una "victoria" y sostuvo que sus resultados son la reducción de los precios del petróleo y la estabilidad económica. Tras el anuncio, el precio del crudo Brent cayó alrededor del 2% y se situó por debajo de los US$78 por barril, como reflejo de la mayor estabilidad en el tránsito marítimo.
El texto del entendimiento establece un plazo de 60 días para las negociaciones técnicas, que comenzarán este fin de semana en Suiza con la mediación de países como Pakistán y Catar. En esas conversaciones se abordarán tres ejes principales: el programa nuclear iraní y la reducción de las reservas de uranio enriquecido; el levantamiento gradual de las sanciones económicas a Irán; y la seguridad y la administración del estrecho de Ormuz. Vance podría participar en la primera ronda de conversaciones, mientras que Washington insiste en que cualquier avance dependerá del cumplimiento de las condiciones relacionadas con el comportamiento regional de Teherán.
Por su parte, el ayatolá Mojtaba Jamenei declaró que había aprobado el acuerdo a pesar de tener una "opinión diferente". En su primera declaración tras la firma, señaló que "es evidente" que las futuras conversaciones con Washington se celebrarán directamente, sin que eso signifique "aceptar sus puntos de vista".
Según AFP, uno de los puntos más sensibles del entendimiento es la propuesta de crear un fondo de hasta US$300.000 millones para la reconstrucción de Irán. Sin embargo, el vicepresidente estadounidense subrayó que su país no desembolsará "ni un dólar". Precisó que ese dinero saldrá de las arcas de los países vecinos del Golfo, pero solo como parte de un acuerdo mucho más amplio que contemple un "buen comportamiento" de Teherán. Agregó que el Gobierno iraní financió durante décadas a grupos antiisraelíes y antioccidentales en todo el mundo.
El acuerdo también contempla que Irán y Omán entablen un diálogo para "definir la futura administración y los servicios marítimos en el estrecho de Ormuz". Además, analizarán un mecanismo que gestione las reservas de uranio iraní mediante, al menos, un método de dilución in situ bajo la supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Sin embargo, la guerra no termina del todo. Pese al pacto, la situación regional sigue siendo inestable: en Líbano continúan los enfrentamientos entre las fuerzas israelíes y las milicias vinculadas a Teherán, con nuevos ataques aéreos y víctimas reportadas.
Los términos del pacto exigen "el fin inmediato y permanente de las operaciones militares en todos los frentes, incluido el Líbano", donde Israel pretende mantener una presencia militar. No obstante, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, aún no se ha pronunciado directamente sobre este punto. Durante una ceremonia, según un comunicado de su oficina, Netanyahu señaló: "La lucha aún no ha terminado y nos esperan más desafíos. Estos requieren serenidad de juicio y una defensa firme de los intereses de seguridad de Israel". También subrayó la necesidad de defender "nuestra relación vital con nuestros amigos estadounidenses, que han estado hombro con hombro con nosotros en esta batalla, una alianza que valoramos profundamente".
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