Un estudio publicado en Nature identificó evidencias de un antiguo brote de peste que afectó a comunidades de cazadores-recolectores en Siberia oriental hace unos 5.500 años, miles de años antes de las grandes epidemias medievales en Europa. La investigación, basada en el análisis genético de restos humanos, permitió reconstruir el episodio y reveló que las primeras variantes de Yersinia pestis, la bacteria responsable, ya poseían una elevada capacidad de causar infecciones graves incluso en sociedades pequeñas y nómadas.

Los científicos examinaron restos de cuatro cementerios prehistóricos y utilizaron técnicas avanzadas de secuenciación genética para recuperar ADN bacteriano conservado en dientes humanos. El análisis detectó la presencia del patógeno en 18 de los 46 individuos estudiados, una proporción cercana al 40%. Se plantea que el contagio inicial ocurrió por contacto con roedores silvestres que portaban la bacteria.

Un brote de enfermedad afectó a cazadores-recolectores hace 5.000 años. Foto: Wikimedia

Los investigadores descubrieron que estas antiguas cepas de la bacteria presentaban un superantígeno, un factor genético capaz de producir toxinas y provocar respuestas inmunológicas extremas. Esta característica, ausente en las variantes históricas conocidas, pudo haber aumentado la gravedad de las infecciones. Martin Sikora, profesor asociado de la Universidad de Copenhague, señaló que las cepas tempranas reunían una combinación de factores de virulencia con capacidad para convertir la enfermedad en un padecimiento altamente letal. El estudio también sugiere que la peste pudo originarse en Asia central o en el noreste asiático, y que el contagio inicial habría ocurrido a través del contacto con marmotas silvestres, animales que aún actúan como reservorios naturales de la bacteria.

La combinación de pruebas genéticas, estudios arqueológicos y dataciones por radiocarbono permitió establecer que numerosos entierros ocurrieron en un periodo muy corto, y que varios de los fallecidos pertenecían a la misma familia. Ruairidh Macleod, autor principal del estudio y actual investigador de la Universidad de Oxford, afirmó que las distintas evidencias ofrecieron “una reconstrucción muy completa de lo sucedido durante aquellos brotes”.

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