La nueva película de Pixar enfrenta a Woody, Buzz y Jessie con una amenaza inesperada: la tecnología. El resultado es una aventura divertida, emotiva y visualmente ambiciosa que recupera parte del espíritu de la trilogía original.
Treinta años después del estreno de la película que cambió para siempre la animación digital, Toy Story vuelve a los cines —desde este 18 de junio en Latinoamérica— con una pregunta tan simple como actual: ¿qué lugar tienen los juguetes en un mundo dominado por las pantallas?
La quinta entrega de la franquicia retoma a varios de los personajes que han acompañado a distintas generaciones, pero lo hace desde una mirada más contemporánea. La nostalgia está presente, por supuesto, aunque esta vez Pixar intenta dialogar directamente con una realidad donde los niños crecen rodeados de dispositivos inteligentes.
La película está dirigida por Andrew Stanton, ganador del Oscar por Buscando a Nemo y WALL-E, junto a Kenna Harris en la codirección. Ambos también firman el guion. A ellos se suma el regreso de Randy Newman en la música, además de I Knew It, I Knew You, un tema original interpretado por Taylor Swift.
🎙️ [ENTREVISTA] 'Toy Story 5': sus creadoras hablan del nuevo rol de Jessie, la llegada de Bad Bunny y si habrá una sexta películahttps://t.co/MySbgt01u2
— RPP Noticias (@RPPNoticias) June 17, 2026
¿De qué trata Toy Story 5?
En esta ocasión, Woody, Buzz, Jessie y el resto de los juguetes enfrentan un desafío muy distinto a los que conocieron anteriormente. La amenaza ya no proviene del abandono ni de la llegada de nuevos juguetes, sino de la tecnología.
Todo cambia cuando Bonnie descubre a Lilypad, una tableta inteligente con forma de rana que rápidamente se convierte en el centro de su atención. De pronto, los juguetes deben competir contra un dispositivo diseñado no solo para entretener, sino también para resolverlo todo.
La historia también marca un relevo importante dentro de la franquicia. Jessie asume un rol mucho más relevante y se convierte en el eje emocional de la película. Será ella quien intente encontrar una respuesta a una pregunta cada vez más vigente: si el juego tradicional todavía tiene espacio en una generación hiperconectada.
A partir de ahí, la cinta explora temas habituales de la saga —la amistad, el crecimiento y el sentido de pertenencia— pero también incorpora otros más contemporáneos, como la presión social, la necesidad de encajar y la dificultad de encontrar un lugar propio en un entorno que cambia constantemente.
¿Qué destaca en Toy Story 5?
Uno de los mayores aciertos de la película es precisamente la elección de ese conflicto central. Pixar logra hablar sobre tecnología sin convertirla en un villano. La película reconoce que los dispositivos forman parte de la vida cotidiana, pero también recuerda que existen experiencias que ninguna pantalla puede reemplazar.
La dirección de Andrew Stanton se siente especialmente sólida. Su experiencia dentro de Pixar se nota tanto en el manejo emocional de la historia como en la construcción de personajes. A ello se suma la mirada de Kenna Harris, cuya participación aporta sensibilidad a una película que constantemente busca conectar con distintas generaciones.
Visualmente, Toy Story 5 representa uno de los mayores saltos técnicos de la franquicia. Pixar aprovecha la historia para experimentar con distintos estilos de animación.
Hay momentos de gran realismo, especialmente cuando los personajes interactúan con animales o escenarios naturales. Al mismo tiempo, los juguetes conservan la estética tridimensional que los caracteriza, ahora con un nivel de detalle mucho más sofisticado.
Pero lo más interesante aparece cuando la película intenta representar la imaginación infantil. En esas secuencias surgen estilos visuales diferentes, cercanos al dibujo a mano y las crayolas, creando una sensación de juego que enriquece la experiencia.
La música también cumple un papel importante. Randy Newman vuelve a demostrar por qué su trabajo es inseparable de la identidad de Toy Story, aportando emoción sin caer en el exceso de nostalgia.
Y sí, la película vuelve a emocionar, acercándose por momentos al espíritu de la trilogía de Andy, algo que muchos espectadores echaron de menos en Toy Story 4. Además, aprovecha la oportunidad para cerrar algunas ideas que habían quedado abiertas desde la segunda entrega, sin dejar de lado el humor que tanto caracteriza a la saga.
¿Qué pudo haber funcionado mejor?
La decisión de convertir a Jessie en el centro de la historia funciona en términos narrativos, pero también tiene consecuencias. Algunos personajes clásicos quedan considerablemente relegados.
Rex, Hamm, el Señor Cara de Papa y varios de los juguetes más queridos aparecen menos de lo que muchos fans probablemente esperaban. La película apuesta claramente por avanzar hacia nuevas dinámicas antes que por explotar la nostalgia de manera permanente.
También existe un componente muy ligado a la realidad local que puede restar algo de universalidad al relato. Algunos dispositivos tecnológicos que aparecen en pantalla forman parte de experiencias más reconocibles para el público norteamericano que para las audiencias internacionales.
Y, por supuesto, si eres padre o madre, probablemente conectarás con la película desde otro lugar. Si no lo eres, quizás algunas de las preocupaciones que plantea no te resulten tan cercanas, aunque eso no impide disfrutar la historia.
Entonces, ¿vale la pena ver Toy Story 5?
Sí.
Pixar encuentra aquí una forma bastante inteligente de continuar una saga que parecía haber llegado a su final varias veces. En lugar de repetir la fórmula, introduce un conflicto contemporáneo que conecta con las preocupaciones de padres e hijos.
No alcanza la dimensión emocional de Toy Story 3 ni redefine la animación como lo hizo la primera película, pero sí recupera parte del corazón que hizo especial a la saga durante décadas.
Además, deja una sensación interesante: podría funcionar como cierre definitivo, pero también como el inicio de una nueva etapa centrada en Jessie y Bonnie.
Sin embargo, su mayor logro va por otro lado. La película nos recuerda que la tecnología seguirá avanzando, pero que algunas cosas —la imaginación, el juego y los vínculos reales— siguen teniendo un valor imposible de reemplazar.
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