La agroexportación ha generado mayores oportunidades productivas en diversas regiones del país, pero aún persisten carencias que afectan tanto la calidad de vida como la competitividad de miles de agricultores. Un estudio elaborado por BID Invest y Danper reveló que el 25% de los productores vinculados a su cadena de suministro vive en pobreza multidimensional, principalmente por la falta de acceso a agua, saneamiento, salud y otros servicios básicos.

Pese al crecimiento de la agroexportación, miles de familias rurales continúan enfrentando carencias en servicios básicos e infraestructura.

Si bien la agroexportación es un motor clave para la economía peruana y conecta a miles de productores con los mercados internacionales, ese éxito no siempre se traduce en mejores condiciones para los hogares rurales. Las mayores privaciones identificadas por el estudio están relacionadas con el acceso a servicios básicos. El 42% de los agricultores evaluados no cuenta con conexión a una red pública de desagüe, mientras que el 29% no tiene acceso a agua dentro de su vivienda. Además, el 27% reside en viviendas construidas con materiales considerados precarios.

Estas carencias reflejan la brecha que continúa afectando a buena parte de las zonas rurales del país, incluso en territorios vinculados a actividades exportadoras. El informe también señala que el problema trasciende el ámbito doméstico y repercute directamente en la producción agrícola, lo que limita la competitividad del sector.

De acuerdo con el informe, el 32% de los agricultores señaló la falta de agua como el principal obstáculo para el desarrollo de su actividad económica, siendo la barrera más mencionada entre todos los factores analizados.

Los investigadores indican que para reducir estas brechas se requieren inversiones de gran escala en infraestructura rural, sobre todo en saneamiento y acceso a servicios básicos. Asimismo, advierten que estas limitaciones no pueden ser resueltas únicamente por el sector privado, sino que demandan una mayor participación del Estado y mecanismos de colaboración público-privada.

Las mayores privaciones identificadas no están relacionadas con la producción agrícola, sino con servicios básicos e infraestructura que siguen limitando el desarrollo rural.

Las mayores carencias detectadas no están vinculadas a la producción agrícola, sino a servicios básicos e infraestructura que continúan limitando el desarrollo rural.

El desempleo y la precariedad laboral persisten dentro de los hogares

Otra conclusión relevante del estudio es que las dificultades económicas no siempre recaen en el agricultor principal, sino en el entorno familiar que depende de la actividad agrícola.

Según los resultados, en el 35% de los hogares más de la mitad de las personas en edad de trabajar se encuentra desempleada. Además, el 28% presenta situaciones de empleo precario, ya sea por falta de remuneración adecuada o por formas de trabajo que no generan ingresos suficientes. Estos indicadores evidencian que la inserción de un productor en una cadena agroexportadora no garantiza necesariamente que todos los integrantes del hogar accedan a oportunidades laborales sostenibles.

Campo peruano El factor educativo es alarmante: el 28% de los productores no terminó la secundaria y el 19% ni siquiera completó la primaria. No se trata solo de formación, sino de una barrera práctica que les impide adoptar nuevas tecnologías, administrar sus negocios o reaccionar a tiempo ante cambios del mercado. A esto se suma la deuda en salud rural. **Tres de cada 10 agricultores confesaron que algún miembro de su hogar se quedó sin recibir atención médica cuando la necesitaba debido a la dificultad para acceder a estos servicios**. Lo más preocupante es que esta realidad persiste incluso entre quienes tienen seguro, lo que demuestra que un carné de afiliación sirve de poco si se vive en zonas alejadas donde la atención médica simplemente no llega de forma efectiva. Estos hallazgos demuestran que el desarrollo rural no se resuelve solo con lograr que el campo genere más ingresos. La verdadera prioridad debe ser cerrar las brechas en servicios básicos, educación e infraestructura que aún limitan el potencial de gran parte del país.

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