Era fácil forjar la idea de que el verdadero centro del fútbol se ubica en otro lugar. En la Champions League, en las grandes ligas europeas, en la acumulación interminable de partidos que alimentan la maquinaria del espectáculo. El Mundial, en tanto, se muestra demasiado corto, sujeto al azar y sus ediciones demasiado distantes entre sí como para definir una carrera.
Aun así, cada cuatro años, el planeta vuelve a detenerse frente al mismo torneo y sus protagonistas entienden que existen goles que tienen un valor superlativo. Kylian Mbappé parece haber asimilado como nadie esa verdad desde su debut en Rusia 2018 con el título de Francia.
Aquella vez, con apenas 19 años, no llegaba como una promesa en busca de experiencia, tampoco como un talento necesitado de madurez. Mbappé se hizo campeón del mundo, mientras que otros construían su carrera en ámbitos distintos, viendo a la Copa del Mundo como el objetivo máximo. El francés prácticamente inició la suya conquistándola.
Su relación con el torneo ha sido extraordinaria: protagonista en Rusia, firmó un triplete inolvidable en la final de Qatar y ahora, en esta edición, ha empezado con un doblete ante Senegal. Un registro que lo lleva a compartir espacio con otros máximos artilleros de la historia del certamen. Tiene 27 años y su nombre ya comparte espacio con otros que pertenecen al patrimonio universal del fútbol.
Esta no es una historia de sucesión. Mbappé no es necesariamente el nuevo Messi ni el nuevo Cristiano Ronaldo. Es más, las comparaciones son injustas porque ambos construyeron dos décadas de dominio prácticamente irrepetible. Lo de Mbappé es algo diferente.
La mayoría de las leyendas convierten al Mundial en la consolidación de su trayectoria. Maradona necesitó años para llegar a México 86. Zidane alcanzó la cima después de una larga construcción. Messi tuvo que esperar cinco Mundiales para levantar la copa. Mbappé, en cambio, parece estar construyendo su leyenda mundialista al mismo tiempo que construye su carrera que, curiosamente, no atraviesa su mejor momento en el Real Madrid.
Por eso, sus goles tienen un significado que trasciende las estadísticas. Son capítulos de una historia que parece estar lejos de terminar. Quizá aún sea pronto para saber qué lugar ocupará. Lo que ya parece evidente es otra cosa: mientras muchos futbolistas pasan una vida intentando conquistar el Mundial, Mbappé lleva casi una década convirtiendo al Mundial en su reino.
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