Cada 24 de junio, miles de personas se congregan en Cusco para presenciar el Inti Raymi, una de las celebraciones más emblemáticas del Perú y la festividad que mejor representa el legado inca. No obstante, lo que hoy es un gran atractivo cultural y turístico estuvo prohibido por siglos y a punto de extinguirse por completo.
La historia del Inti Raymi es un relato de resistencia cultural y preservación de la memoria. La ceremonia, dedicada al dios Sol, fue rescatada gracias a los relatos históricos del Inca Garcilaso de la Vega, quien documentó rituales y significados de la celebración incaica. Tras ser prohibida durante el Virreinato del Perú, esta festividad logró sobrevivir gracias a las descripciones detalladas que dejó el cronista en sus escritos y a la transmisión oral de generación en generación.
El Inti Raymi fue prohibido durante el Virreinato
El Inti Raymi era la festividad más relevante del calendario incaico. Se realizaba durante el solsticio de invierno andino en honor al Inti, considerado la máxima deidad del Tahuantinsuyo. La ceremonia congregaba a autoridades, sacerdotes y representantes de diversos pueblos del imperio para agradecer al Sol y solicitar prosperidad para el nuevo ciclo agrícola.
Con la llegada de los españoles, las autoridades coloniales consideraron que estas prácticas eran “incompatibles con el proceso de evangelización”. Durante el gobierno del virrey Francisco de Toledo, en el siglo XVI, la celebración fue prohibida oficialmente junto con otras expresiones religiosas indígenas. A partir de entonces, el Inti Raymi desapareció de los espacios públicos y quedó restringido a la memoria colectiva de las comunidades andinas, donde algunas de sus tradiciones continuaron transmitiéndose de forma oral. Uno de los personajes fundamentales para conocer cómo se desarrollaba esta ceremonia fue el Inca Garcilaso de la Vega. Hijo de una noble inca y un capitán español, documentó gran parte de la historia y costumbres del Imperio Inca en su célebre obra Comentarios Reales de los Incas. En sus escritos describió con detalle los rituales, las ofrendas, los preparativos y el significado del Inti Raymi dentro de la sociedad inca. Gracias a esos testimonios, décadas después fue posible reconstruir gran parte de la celebración original. Fue recién en 1944 cuando un grupo de intelectuales cusqueños, encabezados por Humberto Vidal Unda, impulsó la recuperación de la ceremonia tomando como base los relatos de Garcilaso. Desde entonces, el Inti Raymi volvió a representarse cada año en Cusco.Actualmente, la ceremonia del Inti Raymi se lleva a cabo en tres escenarios emblemáticos de Cusco: el Qorikancha, la Plaza de Armas y la explanada de Sacsayhuamán. Cientos de actores recrean los rituales de esta festividad ancestral, que incluyen ceremonias con la coca, el fuego sagrado y ofrendas al Sol. Aunque ya no se realizan sacrificios reales, la representación conserva el simbolismo de agradecimiento, renovación y conexión con la naturaleza propio de la tradición inca.
Más de cuatro siglos después de su prohibición, el Inti Raymi ha vuelto a ser un símbolo de identidad cultural y una de las celebraciones más importantes del Perú. Mantiene vivo el legado del Tahuantinsuyo gracias a la memoria histórica preservada por Garcilaso de la Vega y las generaciones que evitaron la desaparición de esta tradición.
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