El triunfo de Keiko Fujimori es un hecho, por lo que el candidato perdedor, Roberto Sánchez, va a tener cinco años para arrepentirse de haberse aliado con un criminal como Antauro Humala –del que no supo desligarse luego de la primera vuelta–, y de haber tenido al lado a gente que terminó siendo un lastre como el exfiscal José Domingo Pérez, y todos esos oportunistas que se subieron al caballo supuestamente ganador como Pedro Francke, Manuel Rodríguez Cuadros, Gustavo Guerra García y otros.

Cómo se le ocurre a Sánchez, apenas terminada la primera vuelta, aparecer en conferencia de prensa al lado no solo de Humala, sino de gente realmente tóxica como Iber Maraví, Anahí Durand y hasta la revoltosa Zaira Arias. Todos esos personajes más bien debieron ser escondidos si es que el sombrero quería ganar el voto “moderado” de Lima, el de “centro” y el de la llamada “izquierda democrática”, también conocida como “caviar”, sanisidrina, miraflorina o barranquina.

Luego de esa escena propia de un candidato que busca llegar al poder para incendiar la pradera, Sánchez intentó lavarle la cara a su postulación al aparecer con los personajes mencionados en el primer párrafo de esta columna, además de improvisar un plan de gobierno “moderado”, hecho con un copiar y pegar de última hora. Esto de todas maneras iba a ser visto como oportunismo puro, como un gesto electorero para la tribuna luego de haber anunciado, muy altanero y con el puño en alto, que no habría “hoja de ruta”.

Pero todo hace indicar que la paciencia de los indecisos llegó a su fin cuando el sábado previo a la elección, el exfiscal Pérez amenazó a través de un video con denunciar por difamación agravada al excandidato presidencial Jorge Nieto, quien solo dijo la verdad: que en Juntos por el Perú hay gente vinculada a bandas terroristas que ha entrado al Congreso, y que por eso no votaría por ellos, como tampoco lo haría por Fuerza Popular. La prepotencia y la amenaza al adversario político en su máxima expresión.

Ahora sólo les queda aceptar los resultados, y que la derrota no fue por virtudes de la adversaria, sino por sus propios errores, por su radicalismo, por la cercanía a oportunistas e impresentables, por sus guiños al terrorismo, por su propuesta de salto al vacío que luego trataron de maquillar, por sus discursos de acuerdo al escenario, por su improvisación y por reivindicar el gobierno de un golpista y ladrón como Pedro Castillo, al que querían liberar junto a Guillermo Bermejo. ¿Con todo esto querían ganar?

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