Frente al avance de la desertificación en el Sahel, donde campañas de reforestación y manejo sostenible del suelo no lograron frenar el deterioro, surgió una alternativa poco convencional: liberar 500 tortugas africanas en una zona del sur del Sáhara. El plan, que apuesta por la reintroducción de fauna nativa para transformar ecosistemas degradados, busca revertir el daño ecológico sin recurrir a la plantación tradicional de árboles.
La revista especializada Indian Defence Review difundió el acontecimiento y describió el proyecto como un “intento de restauración ecológica basado en procesos naturales más que en intervención humana directa”. El propósito central es recuperar las funciones del suelo seco mediante el comportamiento de especies autóctonas capaces de alterar físicamente el terreno árido.
La iniciativa de reintroducir la tortuga de espolones africana —Centrochelys sulcata— nació debido a los nulos resultados de la reforestación tradicional en las zonas extremadamente áridas del Sahel. En estos territorios, el terreno endurecido forma una costra que bloquea la filtración del agua, un factor que disminuye de forma drástica la supervivencia de los nuevos brotes. Ante este panorama, un grupo de investigadores decidió apostar por la ecología funcional para hallar alternativas viables de restauración.
Los programas enfocados en plantar árboles registran muestras irregulares en regiones con escasas precipitaciones y alta degradación del suelo. La publicación especializada destaca que “la vegetación no puede establecerse si el agua no penetra en el subsuelo”, lo que transforma la recuperación forestal en un proceso dependiente de condiciones climáticas ausentes en la actualidad.
En gran parte del Sahel, el suelo se endurece formando una costra. Foto: Daniel Triveau / CIFOR
Ejemplar adulto macho de tortuga Centrochelys sulcata con escudos gulares divergentes. Foto: Tomas Diagne
En lugar de depender de maquinaria pesada o intervención humana directa, los expertos apostaron por liberar 500 ejemplares de la tortuga africana (Centrochelys sulcata) como ‘ingeniera del ecosistema’. Su comportamiento natural de excavación, al romper la costra del suelo, facilita la entrada de humedad en un entorno degradado donde la siembra directa de vegetación falló previamente. Así, superan los límites que otras estrategias no lograron sortear.
Cinco años después de la reintroducción, informes de Indian Defence Review revelan la aparición de ‘manchas verdes’ en sectores áridos de la franja subsahariana. Estos oasis emergen exactamente donde los quelonios cavaron refugios subterráneos profundos, lo que permitió una óptima acumulación de agua en el terreno y reactivó la vegetación nativa latente. La dinámica biológica de la especie generó microclimas propicios que elevaron la concentración de insectos y microorganismos esenciales, desencadenando una sucesión ambiental benéfica que propició el brote de flora dispersa.
Ejemplar adulto dela tortuga Centrochelys sulcata dentro de su madriguera en Mali. Foto: Fabio Petrozzi
Actualmente, los cambios en la cubierta terrestre son tan notorios que resultan perceptibles mediante capturas satelitales en cuadrantes específicos de la zona afectada. No obstante, los expertos aclaran que el proyecto "no se trata de una solución definitiva". El éxito de la tortuga africana depende de variables ajenas, como las lluvias o el control de la ganadería. Además, la degradación del entorno y la presión antrópica frenan la efectividad de este método de recuperación forestal a gran escala en el desierto del Sáhara.
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