En el marco del Día del Padre, especialistas señalan que la forma en que los hombres ejercen la paternidad en América Latina está experimentando uno de los cambios culturales más profundos de las últimas generaciones. Cada vez más padres se replantean su rol y buscan una participación activa en la crianza, más allá de ser solo el proveedor económico.
“El modelo tradicional presentaba al hombre principalmente como proveedor económico y poco involucrado emocionalmente en la crianza. Actualmente, muchos padres buscan participar de manera más activa y saludable en la vida de sus hijos e hijas, no solo desde lo económico, sino también desde el acompañamiento afectivo y el cuidado diario”, explica Katiuska Aliaga, coordinadora de la Carrera de Psicología de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC).
Sin embargo, romper con los modelos de crianza recibidos durante la infancia no resulta sencillo. Las experiencias vividas en el entorno familiar suelen influir en la forma en que los adultos ejercen la paternidad, reproduciendo comportamientos, creencias o estilos educativos aprendidos en la niñez. Según la especialista, identificar estos patrones es el primer paso para construir relaciones más saludables con los hijos.
Diversos estudios y tendencias sociales confirman un cambio progresivo hacia una paternidad más presente, que prioriza el acompañamiento afectivo y el cuidado diario sobre el rol tradicional. Este proceso de transformación, aunque gradual, representa uno de los cambios culturales más significativos de las últimas décadas en la región.
Cuatro señales de que podrías estar repitiendo la crianza que recibiste
Una de las señales más claras de que se está replicando el modelo de crianza recibido es recurrir al castigo antes que al diálogo. Cuando la reacción inmediata ante un error de los hijos es la imposición o el castigo, los especialistas recomiendan reflexionar sobre alternativas basadas en la escucha, la empatía y el establecimiento de límites respetuosos, ya que las crianzas excesivamente autoritarias suelen influir en la forma de ejercer la autoridad durante la adultez.
Otra señal tiene que ver con la dificultad para validar las emociones de los hijos. Expresiones como “no es para tanto”, “deja de llorar” o “tienes que ser fuerte” pueden transmitir el mensaje de que ciertas emociones no deberían manifestarse. La validación emocional, en cambio, permite que los niños desarrollen confianza, seguridad y una comunicación más abierta con sus padres.
También es común que a quienes repiten la crianza que recibieron les cueste expresar afecto o hablar de emociones. Durante décadas, muchos hombres crecieron bajo la idea de que expresar tristeza, miedo o vulnerabilidad era una señal de debilidad. Si actualmente resulta difícil demostrar cariño, hablar de sentimientos o reconocer emociones frente a los hijos, podría tratarse de un patrón aprendido durante la infancia.
Finalmente, otra señal es creer que la principal función como padre o madre es proveer económicamente. Aunque garantizar el sustento continúa siendo una responsabilidad importante, la presencia emocional también cumple un papel fundamental en el desarrollo infantil. Compartir tiempo, acompañar, escuchar y participar activamente en la vida cotidiana de los hijos son formas de cuidado igualmente valiosas.
Cómo fortalecer el vínculo con los hijos
Según Aliaga, fortalecer el vínculo afectivo con los hijos no requiere gestos extraordinarios, sino que se construye en lo cotidiano. Acciones como dedicar tiempo de calidad, interesarse genuinamente por sus vivencias, escuchar sin juzgar y participar activamente en su desarrollo son prácticas clave. “Cuando un niño siente que puede expresar lo que le pasa con confianza y seguridad de que será comprendido y no será juzgado, desarrolla una relación más cercana y saludable con sus padres”, afirma la especialista.
La importancia de la comunicación emocional
La comunicación emocional es fundamental para el bienestar de niños y adolescentes. Los hijos aprenden observando el comportamiento de sus padres; la forma en que estos expresan emociones, enfrentan conflictos y construyen relaciones se convierte en un referente para su desarrollo. Para la especialista de la UPC, una paternidad saludable no implica alcanzar la perfección, sino mantener una disposición constante para cuestionar prácticas heredadas y construir nuevas formas de relacionarse. “La crianza debe estar basada en la conexión emocional, la empatía y el respeto. Validar las emociones, acompañar el desarrollo de los hijos y establecer límites claros desde el amor ayuda a formar niños más seguros y emocionalmente saludables”, concluye.
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