El 17 de noviembre de 1962, las autoridades de Copenhague tomaron una decisión que parecía imposible: cerrar al tráfico vehicular la calle Strøget, una de las principales vías comerciales de la ciudad. La medida generó una fuerte oposición entre comerciantes y conductores, quienes temían que la ausencia de autos afectara la actividad económica del centro urbano. Sin embargo, lo que comenzó como un experimento temporal se hizo permanente en 1964 y terminó transformando por completo la relación de los habitantes con el espacio público.

La peatonalización de Strøget generó un aumento del 35% en el flujo de peatones y benefició directamente a los comercios del centro. A partir de ese hito, la capital danesa desarrolló una estrategia urbana que priorizó al peatón por encima del automóvil y que hoy la consolida como un referente en movilidad sostenible. Actualmente, Copenhague cuenta con más de 100.000 metros cuadrados de áreas peatonales y 400 kilómetros de carriles para bicicletas.

Copenhague se convirtió en un modelo de ciudad amigable para peatones tras cerrar la calle Strøget en 1962, un cambio radical que transformó su espacio público y movilidad.

Mientras muchas ciudades aún debaten cómo reducir el tráfico y recuperar espacios para las personas, Copenhague es considerada una de las ciudades más amigables del mundo para recorrer a pie. Su centro histórico, compacto y accesible, es el resultado de una revolución urbana que encontró en una sola calle peatonal el punto de partida para convertirse en referencia internacional.

A través de estrategias de urbanismo sostenible y zonas peatonales, Copenhague se ha consolidado como una de las ciudades más amigables para caminar Copenhague se ha consolidado como una de las ciudades más amigables para caminar y utilizar la bicicleta en el mundo.

Lejos de lo que muchos temían, el primer año de peatonalización de Strøget trajo resultados inesperados: el flujo de peatones creció un 35% y los negocios comprobaron que los espacios libres de vehículos atraían a más visitantes y consumidores. El éxito fue tan contundente que en 1964 la medida se volvió permanente. Con sus 1,15 kilómetros de extensión, Strøget se convirtió en una de las calles peatonales más largas y pioneras de Europa.

Ese primer paso impulsó una transformación mayor. Inspirada por las ideas del urbanista Jan Gehl, quien defendía que las ciudades debían diseñarse a escala humana y no para los automóviles, Copenhague fue ampliando progresivamente sus zonas peatonales. Con el paso de las décadas, nuevas calles y plazas se sumaron a una red urbana que hoy supera los 100.000 metros cuadrados dedicados principalmente a los peatones. La estrategia convirtió a la capital danesa en un referente mundial de movilidad sostenible.

Caminar en el centro de la ciudad es ahora la opción más cómoda y segura, mientras que la bicicleta complementa el sistema con más de 400 kilómetros de carriles protegidos. Actualmente, casi la mitad de los residentes usa la bicicleta como medio habitual de transporte y la ciudad tiene más bicicletas que habitantes. Así, Copenhague se ha consolidado como una de las urbes más amigables para caminar y pedalear, donde el peatón sigue siendo el principal protagonista de la vida urbana.

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