Jafar Panahi. Foto: AFP.

El iraní Jafar Panahi es considerado uno de los cineastas más relevantes del mundo. Su más reciente trabajo, Un simple accidente, se alzó con la Palma de Oro del Festival de Cannes 2025 y también compitió en la categoría de mejor película internacional en los premios Oscar de marzo pasado. Sin embargo, pese al reconocimiento global, Panahi prefiere regresar a Irán, donde su cine encuentra el contexto que lo alimenta. Podría filmar en cualquier parte del mundo proyectos de denuncia o búsqueda estética, pero elige volver a un país donde su figura resulta incómoda para el gobierno.

El cine de Panahi se caracteriza por ser un cine de denuncia que no descuida los alcances expresivos a nivel formal. Sin depender de grandes locaciones ni presupuestos, ha convertido la sencillez de recursos —como la cámara en mano que sigue a sus actores— en una clase maestra de narración. Ejemplo de ello son Taxi Teherán (2015) y El círculo (2000). En esta última, el director expone la situación de las mujeres en Irán. La película sorprende al espectador al mostrar cómo, dentro de las limitaciones que enfrentan para expresarse y desarrollarse, las mujeres han hecho del disimulo y el ingenio cotidianos un modo de vida en contraste con las restricciones.

Con su obra, Panahi ya ha dejado un valioso documento visual sobre la realidad de su país y un legado para los jóvenes cineastas que aspiran a hacer cine sin necesidad de grandes presupuestos. "Panahi dice cómo hacer cine si lo que quieres es hacer cine", resume su propia filosofía. A pesar de que podría estar enfocado en otros temas, el director iraní sigue apostando por su tierra como fuente inagotable de historias.

El sábado 13 de junio, el diario oficial El Peruano publicó la Ley 32645, que crea el Colegio Profesional de Artistas del Perú. Esta institución tendrá como misión ordenar y supervisar el ejercicio profesional de disciplinas como las artes plásticas y visuales, música, danza, artes escénicas y afines. Para el medio, esta norma representa «la oficialización de la censura», una tendencia que, según señala, se ha visto en este quinquenio «mediante cancelaciones y leyes que atentan contra el sentido común, como la nueva ley de cine».

Mientras tanto, en Irán, el prestigio internacional del cineasta Jafar Panahi no le ha servido de mucho frente al Ministerio de Cultura y Orientación Islámica, el organismo que regula la producción artística y cultural. En la primera semana de junio, el Tribunal Revolucionario Islámico de Teherán confirmó la sentencia contra Panahi por el delito de propaganda contra la República Islámica de Irán, tras rechazar la apelación de su defensa. La condena consta de un año de prisión, dos años de prohibición para salir del país y la imposibilidad de afiliarse a organizaciones políticas y sociales. No es la primera vez que enfrenta la cárcel: en 2022 fue sentenciado a seis años por conspiración contra el gobierno, aunque fue liberado siete meses después tras realizar una huelga de hambre y pagar una fianza.

Este colegio de artistas no es un hecho aislado ni una ocurrencia local, sino parte de una ola cancelatoria global que busca avasallar el espíritu crítico del arte. Habrá creadores que se mantendrán independientes y otros que buscarán beneficiarse de este organismo. Lo sucedido con Panahi es el extremo de la cancelación, pero por ahí van estos despropósitos que nos obsequia el actual Congreso. Estaremos muy atentos. Sobre la situación del cineasta, si bien Jafar Panahi ha sido condenado, aún no ha sido detenido y se desconoce su paradero exacto. En cuanto a la ley del Congreso, esta medida fue impulsada por la Comisión de Educación, cuyo presidente es Segundo Montalvo (PL). Tuvo 83 votos a favor y contó con el apoyo de las bancadas Fuerza Popular, Alianza para el Progreso y Podemos Perú.

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