América Latina, con vastas reservas de minerales estratégicos como cobre, hierro y oro, se convierte en clave para el suministro global hacia 2030. Su objetivo: no depender más de China y ganar dominio en el mundo.

América Latina posee algunas de las mayores reservas mundiales de minerales estratégicos como cobre, hierro y oro, lo que la convierte en un eje clave para el suministro global. Estudios y organismos multilaterales advierten que la demanda de estos recursos crecerá de forma sostenida hacia 2030, impulsada por la transición energética y la industria tecnológica. Sin embargo, la región enfrenta el reto de superar la fuerte dependencia actual de unos pocos compradores internacionales.

Para revertir ese escenario, Brasil diseñó una ambiciosa hoja de ruta denominada Plan Nacional de Minería 2030, una iniciativa impulsada por el Ministerio de Minas y Energía. El programa prevé una reestructuración profunda del sector extractivo mediante capitales públicos y privados que podrían alcanzar los US$350.000 millones. La meta central apunta a un crecimiento sostenido a mediano plazo, respaldado por una fuerte inyección financiera en infraestructura pesada.

El objetivo prioritario consiste en elevar considerablemente la extracción de recursos valiosos como hierro, cobre y oro, junto con una modernización tecnológica de los yacimientos. Las autoridades del sector destacan en sus documentos la urgencia de fortalecer la exploración geológica y ampliar la capacidad de refinación dentro del país. Con esta medida, la nación sudamericana busca frenar la salida de materias primas brutas y robustecer el tejido industrial local, elevando el valor agregado interno y diversificando los mercados de destino.

Actualmente, China figura como el comprador predominante del metal ferroso brasileño, un escenario de vulnerabilidad que el plan pretende corregir. Al abrir nuevas rutas comerciales hacia mercados globales alternativos, el Estado reduce la subordinación económica frente a una sola potencia de Asia. Esta estrategia busca equilibrar la balanza comercial frente a China, principal socio que concentra las exportaciones de materias primas en la actualidad. La política gubernamental persigue diversificar sus clientes internacionales para mitigar riesgos financieros y, de paso, ganar dominio en el mundo.

La estrategia brasileña, que combina innovación tecnológica con digitalización de procesos, busca potenciar la cadena productiva interna mediante el desarrollo de industrias derivadas como el acero, el cemento y la manufactura avanzada. De esta forma, el país pretende retener el valor económico dentro de sus fronteras, priorizando la comercialización de productos industrializados de alta rentabilidad por encima de la simple exportación de materias primas. Para asegurar la viabilidad de esta iniciativa, el plan ejecutivo moderniza la infraestructura logística con un enfoque prioritario en los sistemas ferroviarios y portuarios. Esas mejoras prometen disminuir los costos operativos y agilizar el traslado de los recursos desde los yacimientos hasta los complejos fabriles y los puertos de embarque. Asimismo, el marco regulatorio se vuelve más competitivo para atraer capitales extranjeros bajo modelos de asociación público-privada, lo que dinamizará el desarrollo de yacimientos a gran escala.

La cuantiosa inversión proyectada altera el tablero geopolítico, ya que afecta directamente el suministro global de insumos clave para la tecnología y las energías limpias. La movida cobra relevancia ante las proyecciones de entidades financieras globales: “El control de estos recursos será determinante en la próxima década”, señala un informe del Banco Mundial frente al auge de los vehículos eléctricos. Así, Sudamérica se posiciona de forma agresiva como un competidor central en la cadena de valor que exige la actual transición energética. El plan brasileño contempla una reconfiguración estructural de su minería que combina la innovación tecnológica con la digitalización de procesos, y el desarrollo de industrias derivadas como el acero, el cemento y la manufactura avanzada, para retener el valor económico dentro de sus fronteras.

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